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Francia lanza premio literario para obras creadas con inteligencia artificial

LA JORNADA /


Nota publicada: 2026-10-27

Un mes después de que se acusó al autor haitiano-canadiense Thélyson Orélien (Premio de Novela FNAC) de haber usado inteligencia artificial (IA) para escribir C’était ça ou mourir (Era eso o morir), en Francia se lanzó la primera edición del Premio Pascal de Literatura creada con IA, que gratificará obras inéditas producidas en coautoría o con la asistencia de esta herramienta.

El concurso fue fundado por los empresarios Philippe Rodriguez, Albin Serviant y Gilles Mentré con la siguiente premisa: “Que la IA pueda escribir un texto ya no es novedad. Esta capacidad existe, es accesible y no demuestra nada”. Por ello, el certamen propone a los creadores desarrollar una mejor relación con esta tecnología y elaborar una pieza que genere conciencia o ayude a resolver, de manera original, algún desafío ecológico, social o ético que amenaza a la humanidad.

La elección de la obra ganadora estará a cargo de un jurado integrado por cinco personas (escritores, críticos, editores, filósofos y periodistas), cuyos nombres serán anunciados a principios de noviembre y que evaluará “la calidad literaria, la originalidad narrativa y estilística, la coherencia de la obra y el dominio de la colaboración humano-IA”.

En su manifiesto, el concurso defiende su existencia como una herramienta para, luego de varias ediciones, observar y comparar el papel de la IA en la literatura. Con el argumento de que las opiniones al respecto son abundantes y carecen de “ejemplos que respalden sus conclusiones”, el Premio Pascal permitirá identificar “la evolución de estos textos, su ritmo y el papel que desempeña la tecnología. Se tratará de una medición, no de una predicción”.

La convocatoria del galardón surge en un panorama convulso. El 25 de septiembre pasado, como informó La Jornada, los organizadores del Premio Goncourt retiraron la novela de Thélyson Orélien de su lista de finalistas, luego de que el autor fuera acusado de recurrir a la inteligencia artificial para escribir esa y otras obras.

Además, de acuerdo con Reuters, el periódico canadiense La Presse señaló que uno de los relatos cortos del escritor, publicado en 2012, había plagiado pasajes de un libro del autor francés Louis Pauwels, mientras que en un artículo de opinión de 2013 copiaba información del periódico The Philippine Star.

El caso de Orélien no es único. En días recientes, como también expuso esta casa editorial, el diario El País acusó al peruano David Silva Rojas, ganador del primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Arrufat, de haber escrito con IA la novela Donde el agua trabaja.

El título fue galardonado por el sello oaxaqueño Almadía el pasado 24 de julio. En su fallo, el jurado explicó su decisión debido a la sutileza de la narración y por el uso magistral de los silencios como recurso compositivo.

La normalización de la IA supone diversas conclusiones, como puntualizan los organizadores del premio. El doctor en letras latinoamericanas y docente Salvador Calva Carrasco explicó a La Jornada: “Si tuviera que arriesgar una idea, diría que más de una persona (autora, editora, traductora o correctora de estilo) perderá la batalla contra la IA”.

Con mayor detalle, el experto en letras hispánicas Víctor Uriel Zepeda señaló a este diario que aceptar el uso de IA en la creación literaria traería consigo riesgos. “El principal, más allá de que la IA escriba mejor, es que las condiciones del mercado editorial cambien de tal manera que los creadores podrían recibir menos encargos o tener que competir con tarifas más bajas”.

El problema también supone afectaciones para un sector al que nadie presta atención: los lectores. “Si producir un libro se vuelve más rápido y barato, podrían publicarse cantidades mayores de títulos”. El resultado: sobresaturación en el mercado, lo que dificultaría la elección de lecturas.

Zepeda dijo además que los consumidores de contenido creado con IA serían víctimas de “la homogenización literaria. Habría que pensar entonces en la forma en que esto afectará de manera cognitiva a quienes lean esos textos plagados de patrones similares, tramas previsibles, sintaxis repetidas, estilos poco diferenciados. Serían como esas novelas asiáticas cortas que aparecen en plataformas como YouTube o Facebook, todas cuentan siempre la misma historia, sin variaciones, sólo cambian los actores”.

El panorama es incierto para quienes se dedican a la literatura; sin embargo, Calva Carrasco sostuvo que el arte es un campo de difícil acceso para esta herramienta tecnológica. “A mis estudiantes les insisto que no se queden nada más con la trama de una novela o una película, pues éstas no son sólo trama; que no se queden con la fidelidad de una pintura respecto de la realidad, pues la pintura no es sólo fidelidad.

“Detrás del arte hay un yo-aquí-ahora, único, que siente, que se equivoca, que no olvida, que ajusta, que cambia, que arriesga, que se revela, que se oculta, que muere.”



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