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Ruido constante en avenidas de CDMX altera el descanso y agota a vecinos

LA JORNADA /


Nota publicada: 2026-11-06

Vivir junto a una vialidad principal en la Ciudad de México implica soportar ruido “a toda hora del día” debido al paso incesante de vehículos, transporte público y motocicletas, así como el uso de cláxones y sirenas. Esta situación, aseguran habitantes, provoca un desgaste mental continuo y altera el descanso durante las noches.

Aunque la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial recibió mil 183 denuncias por contaminación acústica en 2025, las mediciones se concentran principalmente en fuentes fijas de ruido, como bares, restaurantes y centros nocturnos, aunque el problema rebasa estos establecimientos.

La Organización Mundial de la Salud señala que el tránsito vial es la principal fuente de contaminación acústica en las ciudades y relaciona la exposición prolongada con trastornos del sueño, estrés y malestar, además de efectos cardiovasculares.

Carlos Ramírez lo ha experimentado desde hace cuatro décadas, al vivir sobre la avenida Oceanía, donde la llegada de la Línea B del Metro y, posteriormente, la construcción de una plaza comercial agravaron el ruido en su colonia.

En su casa, las horas de tranquilidad se reducen a menos de tres durante la madrugada, pues desde las 4 de la mañana hasta las 12:30 de la noche su familia debe soportar el ruido del transporte. “Escuchamos las cadenas y las puertas del Metro y cuando vienen a hacer mantenimiento… necesita uno tener demasiado cansancio para no hacer caso a este tipo de ruidos”, relató.

A eso se suma la concentración de vehículos que circulan por la vialidad, así como camiones y mototaxis que hacen parada cerca de su domicilio. Aseguró que la situación “llega a ser estresante”, pese a que ha intentado aislar las ventanas para evitar que se filtre el sonido exterior.

Luis Villa experimenta una situación similar al vivir sobre la calzada Ignacio Zaragoza, cerca del Hospital Regional del IMSS del mismo nombre, donde a diario soporta vibraciones del suelo provocadas por el paso de camiones de carga pesada, los cláxones de coches, las sirenas de ambulancias y el comercio ambulante. “Todo eso me hace sentir estrés; la verdad, me hace sentir mentalmente fatigado”, confesó.



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