Nota publicada: 2026-09-20
A diferencia del corazón, el cerebro o el hígado, existen órganos en el cuerpo humano cuya extracción no compromete la vida. Gracias a la plasticidad biológica y a los avances de la medicina moderna, es perfectamente posible mantener una existencia saludable y plena prescindiendo de ellos.
El vesícula biliar encabeza la lista. Su función principal es almacenar la bilis producida por el hígado para facilitar la digestión de las grasas. Cuando es extirpada debido a la formación de cálculos, el hígado continúa vertiendo la bilis de forma directa en el intestino delgado, lo que suele requerir únicamente ajustes dietéticos menores.
Por su parte, el bazo cumple roles de filtrado sanguíneo y respuesta inmunológica. No obstante, en casos de traumatismo o enfermedad, su retiro no es fatal; otros órganos, como el hígado y los ganglios linfáticos, asumen sus labores principales, aunque el paciente deba recibir ciertas vacunas preventivas.
El apéndice es un pequeño tubo adherido al intestino grueso ampliamente considerado un vestigio evolutivo. Aunque alberga tejido linfático y bacterias beneficiosas, su extirpación ante un cuadro de apendicitis aguda no genera secuelas ni impactos negativos evidentes en la digestión o la salud general.
Asimismo, los riñones y los pulmones destacan por su duplicidad funcional. Es totalmente viable llevar una vida normal con un solo riñón o con un solo pulmón, ya que el órgano remanente experimenta una adaptación compensatoria para asumir la carga de trabajo necesaria.
En definitiva, la capacidad del organismo para adaptarse, compensar funciones y reconfigurar sus procesos demuestra que la anatomía humana cuenta con notables márgenes de reserva biológica.
fuente: https://interestingfacts.com