Nota publicada: 2026-09-14
“No existe una dosis ni un momento seguros” para consumir alcohol durante el embarazo y la lactancia, sentenció el genetista Augusto Rojas Martínez, profesor investigador del Instituto Tecnológico de Monterrey, quien alertó sobre el problema de ingerir bebidas enlatadas que se venden en diversas presentaciones, algunas de las cuales no cuentan con sellos de advertencia para evitar beberlas durante el embarazo y que son muy populares entre jóvenes e incluso adolescentes.
Tras señalar que muchas veces se minimiza la peligrosidad de consumir esos productos cuando se sabe o se sospecha de un embarazo, el genetista apuntó a La Jornada que, entre los trastornos del espectro alcohólico fetal (TEAF), el síndrome alcohólico fetal es el más grave.
Explicó que en éste “hay un daño importante del sistema nervioso central, por lo que el infante tendrá problemas de aprendizaje y de conducta. También habrá talla baja, el perímetro de la cabeza estará disminuido y se presentarán otras alteraciones, como fisuras palpebrales más cortas (abertura entre los párpados superior e inferior), entre otros”.
Los TEAF agrupan condiciones asociadas a la exposición prenatal al alcohol y pueden afectar el aprendizaje, la conducta, la salud física y mental, la autonomía y la participación social a lo largo de la vida. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) señalan que estudios comunitarios estiman que entre uno y 5 por ciento de los menores en edad escolar en Estados Unidos y algunos países de Europa Occidental podrían presentar algún TEAF. A escala global se estima que casi 9 por ciento de las mujeres consumen alcohol durante la gestación.
Rojas Martínez remarcó que la ingesta de alcohol “debe ser cero durante todo el embarazo y la lactancia”, y recordó que el sistema nervioso del ser humano se termina de formar a los 20 años de edad, por lo que no hay excusa para considerar que, si ya no se está en los primeros meses de gestación, ingerir bebidas embriagantes pueda tener menos impacto.
“Si tomas alcohol en el sexto mes de embarazo estás afectando la formación del cerebro, y en la lactancia tampoco es buena idea hacerlo, porque el alcohol difunde fácilmente por la leche materna.”
Apuntó a “la incidencia en malformaciones del desarrollo asociadas a la exposición al alcohol: cardiopatías, labio y paladar hendido, hernia del ombligo, trastorno del neurodesarrollo, déficit intelectual, así como trastornos por déficit de atención e hiperactividad o autismo”.
Para evitar algún tipo de TEAF, el especialista subrayó que “no debe importar ninguna presión social para que una embarazada beba”, sobre todo en fiestas familiares o conmemoraciones, aunque “digan que con una copita no pasa nada, sí sucede”.