Nota publicada: 2026-02-11
La soledad masculina dejó de ser una experiencia puramente personal para convertirse en un problema de salud pública con consecuencias económicas claras. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el aislamiento social y la sensación de soledad son “una amenaza oculta para la salud global”. Estas se han asociado con millones de muertes prematuras en los últimos años por su vinculación con enfermedades crónicas y problemas mentales.
Dichas afectaciones no solo implican sufrimiento individual, también tienen un impacto económico tangible en los sistemas de salud y en la productividad de las personas. Datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señalan que las conexiones sociales reducidas están asociadas con menor participación laboral y desempeño en el trabajo.
En particular, los hombres que viven solos presentan un mayor riesgo de depresión y conductas de riesgo. Estos factores influyen tanto en sus patrones de consumo como en sus capacidades productivas, generando costos adicionales en atención médica y una pérdida de rendimiento económico.
Soledad masculina: un problema de salud pública muy costoso
Organismos internacionales han identificado la soledad como algo más que un estado emocional pasajero. La OMS incluyó el aislamiento social entre los factores que elevan el riesgo de enfermedades y mortalidad temprana, subrayando que el problema ha sido “ignorado durante demasiado tiempo”.
En la OCDE, los análisis sobre conexiones sociales y bienestar indican que la falta de vínculos estables afecta la satisfacción con la vida, la salud mental y la integración en el mercado laboral.
Estose traduce en un impacto económico concreto: las personas que sienten una soledad constante utilizan más servicios médicos, medicamentos y consultas. Esto no solo aumenta los gastos personales en atención sanitaria y tratamientos: eleva los costos para el sistema de salud.
Hombres solos: hábitos de consumo y riesgos de salud
La manera en que los hombres sin pareja consumen bienes y servicios también muestra patrones distintos a los de quienes viven acompañados. Investigaciones recientes señalan que los hombres solteros tienen un riesgo hasta 80% mayor de desarrollar depresión en comparación con quienes están en pareja o integrados a redes sociales estables.
Esta vulnerabilidad a problemas de salud mental se traduce en un consumo menos saludable, con una mayor probabilidad de recurrir al alcohol y al tabaco como mecanismos de afrontamiento, lo que a su vez eleva los gastos relacionados con tratamientos médicos y complicaciones de salud.
La OCDE resalta que quienes viven solos suelen reportar peores conexiones sociales y mayores niveles de soledad, factores que se asocian con menor bienestar general y menor desempeño en contextos laborales.
Este cuadro no solo explica diferencias en el consumo de salud, sino también en el ámbito productivo, donde la falta de apoyo social puede traducirse en menor motivación, mayor absentismo y menor rendimiento, afectando la contribución económica de estos hombres a sus lugares de trabajo.
Menos productividad y pérdida económica: el precio de la soledad masculina
La relación entre salud mental, soledad y productividad laboral aparece con claridad en estudios económicos.
En Estados Unidos, se estima que el ausentismo y la pérdida de productividad derivados de la soledad cuesta al menos $460,0000 millones de dólares al año, segun estidios del Center for Brain Health de la Universidad de Texas. Esto incluye tanto días no trabajados como una disminución en la eficiencia de quienes están presentes en sus empleos pero enfrentan dificultades emocionales.
En el Reino Unido, investigaciones señalan que las personas que con frecuencia sienten soledad generan mayores costes en atención médica debido al uso intensivo de servicios. Esto se traduce en hasta £885 libras adicionales por persona al año en el sistema de salud, según difras recogidas por Euronews.
La llamada ‘epidemia de hombres solos’ también es un problema en España. Un estudio del Observatorio Estatal de la Soledad estimó que la soledad no deseada tuvo un costo total de más de $14,000 millones de euros al año, cifra equivalente a 1.17% de su PIB, atribuidos tanto a mayores gastos en servicios sanitarios como a pérdida de productividad. El mismo estudio destaca que las personas solas utilizan más servicios sanitarios y consumen más medicamentos como antidepresivos, tranquilizantes y estimulantes que la población general.
¿Qué pasa en México y Latinoamérica?
En México, la soledad también tiene cifras concretas. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado 2021 del INEGI, el 18.6 % de los adultos mexicanos reportaron sentirse solos con frecuencia, y el 29.4 % dijo experimentarlo algunas veces.
Aunque las mujeres declaran mayores niveles de soledad, los hombres concentran 81.1% de los suicidios en el país, según datos oficiales. Especialistas vinculasn este indicador con estigmas culturales que alejan a los hombres de pedir ayuda emocional.
En América Latina, estudios comparativos muestran que entre 18% y 31% de la población adulta reconoce sentirse sola, lo que confirma que el fenómeno también es regional.
¿Qué pueden hacer las empresas ante el costo financiero de la soledad?
Cuando el aislamiento se traduce en ausentismo, rotación y menor desempeño, el costo deja de ser individual y se vuelve un problema operativo para las empresas. Diversos organismos internacionales coinciden en que promover entornos laborales con redes de apoyo sólidas reduce riesgos psicosociales y mejora resultados.
La OCDE ha señalado que las conexiones sociales influyen en la satisfacción laboral y en la permanencia en el empleo. Por su parte, la OMS ha recomendado integrar la salud mental en las estrategias corporativas como parte de la gestión preventiva.
En la práctica, esto implica:
Fortalecer programas de bienestar emocional
Facilitar el acceso a atención psicológica
Fomentar dinámicas colaborativas
Diseñar esquemas híbridos que no profundicen el aislamiento
Capacitar a líderes para identificar señales de desgaste emocional
Crear culturas organizacionales donde pedir apoyo no sea interpretado como debilidad
El enfoque no es asistencialista, sino estratégico: reducir la soledad en el entorno laboral puede traducirse en menor rotación, menos días perdidos por enfermedad y mayor compromiso.
En un contexto donde la salud mental impacta directamente en la productividad, las empresas tienen margen de acción para mitigar un fenómeno que ya muestra efectos económicos medibles.