Nota publicada: 2026-02-01
Don ‘Mundo’, Doña ‘Herme’ y el Huatabampo que ayudaron a forjar
Bulmaro Pacheco
Cada quien con su esfuerzo, y unidos a partir de 1957, ayudaron a forjar el Huatabampo donde nacieron, crecieron y formaron familia.
El Huatabampo donde nacieron —él en 1936 y ella en 1940— carecía de casi todo en esos años. No había un sistema consistente de agua potable urbana, tampoco hospital, mucho menos drenaje —que llegó en 1967—; y qué decir de la pavimentación —que llegó en 1969— o del alumbrado público. Las calles del pueblo eran de terracería, regadas mediante pipas administradas por el ayuntamiento para evitar las quejas de las señoras por las polvaredas que invadían los hogares.
En materia educativa había solo primarias incompletas, alguna academia comercial y, ni qué decir de la educación secundaria, que llegó al pueblo hasta finales de la década de 1940. Quienes tenían recursos enviaban a sus hijos e hijas a escuelas privadas de otras ciudades o a los Estados Unidos para educarse en actividades técnicas o de formación militar.
‘Mundo’ fue descendiente directo de una familia migrante de la España pobre y atrasada de finales del siglo XIX (de La Coruña). Su abuelo Epifanio llegó primero a El Fuerte, Sinaloa, donde desempeñó algunos oficios relacionados con la minería. Posteriormente, ante la crisis minera de la región norte de Sinaloa —por la caída del precio de la plata— y la crisis de la leña, la familia se asentó en Huatabampo en busca de una nueva vida, aprovechando el boom agrícola de las primeras décadas del siglo XX, que dio fama al pueblo por su garbanzo, tomate y algodón.
‘Mundo’ fue el miembro más joven de una familia con 10 hijos formada por el hijo de Epifanio Gómez y Gertrudis Apodaca; Amado Gómez Apodaca, —el primer fundador de un billar en Huatabampo—casado con Rosa Verdugo Oláis que procrearon a: Amada,Amalia, Fausto, Arturo, Armando, Amelia, Trinidad, Carolina, Herminia, y Edmundo, una familia dedicada originalmente a la producción de leche y queso, así como a la agricultura en pequeña escala.
Doña ‘Herme’ fue descendiente directa de militares y políticos, fundadores de Huatabampo: José Tiburcio Otero Toledo, gobernador de Sonora en 1879-1880; su hijo José Tiburcio Otero Esquer, alcalde de Huatabampo en 1911; Ignacio Otero Pablos, general obregonista y exembajador en Venezuela; y el coronel Jesús Otero Pablos (1892-1962) que dejó la política para desarrollar la agricultura en Colima. Entre otros, sus familiares sentaron bases importantes del desarrollo del pueblo y fueron, además, proveedores de servicios para comunidades rurales donde tuvieron influencia mediante el sistema de haciendas, como la de Jupateco, hoy convertida en el Ejido Citavaro.
José Tiburcio Otero Toledo tenía su residencia particular donde hoy se localiza la iglesia de Cristo Rey, en el centro del pueblo. José Tiburcio Otero Esquer, presidente municipal, vivía donde posteriormente el doctor Teodoro Sigüenza estableció su clínica y farmacia.
Ella, por formación familiar directa —la quinta hija de Mónica Borbón Leyva y Manuel Otero Pablos—,y hermana de Luz, Manuel, Emma, María de los Ángeles, Tranquilino y Armida, fue forjada en la cultura del trabajo, se desempeñó durante muchos años como pequeña empresaria productora de leche, queso y comerciante, combinando esas actividades con el servicio social en organizaciones altruistas y clubes de servicio.
A sus familiares directos del orden militar y a las relaciones de parentesco se debió la electrificación de su pueblo, El Etchoropo. Posteriormente, ella impulsó con parientes directos la creación de la Escuela Secundaria Técnica 50, el jardín de niños “Los Juguetitos”, establecido en la calle principal, contraesquina de la tienda de Liberato Blanco y los arreglos de las dos iglesias del pueblo: la indígena, ubicada en la Loma del Etchoropo —que por años cuidó su hermana Ema y que ya nunca se volvió a gotear—, y la parroquia Santa Maria de Guadalupe, construida sobre terrenos de su padre, frente a la casa de su hermano Manuel.
‘Mundo’, educado en escuelas públicas, no tardó en sumarse al esfuerzo familiar con su trabajo y capacidades, que eran sobradas. Primero como trabajador bancario, después como empresario independiente en la ganadería y la agricultura. Durante muchos años fue productor de leche y agricultor de muy buen nivel. Con la apertura comercial de México al mercado internacional y la importación de leche en polvo,, los pequeños productores de leche entraron en crisis y la mayoría de las pequeñas empresas lecheras desaparecieron. Mundo y su esposa no se arredraron: tuvieron visión, se alejaron de la producción lechera y transformaron sus terrenos en una exitosa empresa de bienes raíces y proyectos habitacionales al norte de la ciudad.
Como miembros del Club de Leones, ambos estuvieron presentes en muchas de las actividades de servicio que desarrolló el leonismo en el sur de Sonora, diríamos que en las principales de su historia.
Recuerdo muy bien que ‘Mundo’ formó parte de la comitiva que, una madrugada de diciembre de 1973, afuera de la Sociedad Mutualista Hidalgo, se entrevistó con el presidente Luis Echeverría, arriba del camión presidencial —junto a Pascual López Quijada, Roberto Rosas, Alba Paredes y quien esto escribe—, para solicitar la creación de una escuela preparatoria federal para Huatabampo.
Así nació en 1974 el antiguo CECyT, hoy CBTIS 63, que ha formado a tantas generaciones de jóvenes de Huatabampo.
Ella lo acompañaba siempre en sus labores públicas, para las cuales ambos tenían una sensibilidad muy especial. En la Junta para el Progreso y Bienestar del Pueblo, cuya presidencia ‘Mundo’ desempeñó por varios años, ella se dedicó a visitar la mayoría de las comunidades rurales, ayudando a gestionar pequeñas obras y servicios que resolvieron problemas prácticos como el agua, la reparación de escuelas y canchas, el arreglo de caminos e instalaciones eléctricas.
De igual forma, como compañera de su esposo en el Club de Leones —que ‘Mundo’ también presidió—, ambos demostraron una enorme capacidad para conseguir recursos y apoyos para los más necesitados, dejando huella en el club, que por primera vez en su historia, con el apoyo de Roberto Rosas, Samuel Ramos, René Cantú, Heleodoro Soto y la gran ayuda económica de don Chayo Ruelas, contó por primera vez con edificio propio (La Cueva) en las calles 16 de Septiembre y Zaragoza..
También cuando ‘Mundo’ presidió el Comité Municipal del PRI, durante el gobierno de su amigo Roberto Rosas Ibarra (1982-1985), ambos se abocaron a que el partido tuviera edificio propio —donde actualmente funciona, en Ocampo y Madero— y dejara de depender de instalaciones prestadas. Sin muchos aspavientos, ‘Mundo’ lo logró, y ahí está el edificio.
Don Edmundo Gómez Verdugo murió en enero del 2020 y Doña Hermelinda Otero Borbón el pasado 25 de enero del 2026.
A ambos, ejemplo de trabajo, amor por su comunidad y servicio a los demás, se les recuerda con mucha deferencia y reconocimiento por su trabajo y sus aportaciones. Que sus descendientes honren su ejemplo y que los valores que ellos siempre defendieron, así como la cultura del trabajo, el esfuerzo y el altruismo desarrollado en sus vidas sea fuente de inspiración para las generaciones venideras.
El indiscutible y sólido ejemplo que dieron con sus vidas, así como el patrimonio moral que forjaron y hoy heredan a sus hijos, nietos y bisnietos es la mejor herencia para recordarlos y presumirlos. Descansen en Paz.