• Hermosillo, Sonora, México a 2007-04-09  |  Año 29 No. 11    

DEL CHINAL PARA EL MUNDO


Nota publicada: 2007-04-09

“Mi oficio es ser hotdogero, lo digo de corazón; porque siempre he trabajado, nunca he andado de vagón. —Corrido popular

El Chinal es una pequeña comunidad rural del municipio de Álamos que debe su nombre a un árbol maderable parecido al mezquite llamado “chino”. Recientemente cumplió 250 años de fundación. La historiadora local Balvanera Mendívil relata que fue en 1750 cuando Francisco Mendívil, de origen italiano -no francés como la mitología ha querido argumentar- adquirió la propiedad alentado por el entonces gobernante Virrey de la Nueva España, segundo Conde de Revillagigedo. Seguramente esa es la razón de que Mendívil resulte el apellido más frecuente junto con los de  Félix, Domínguez, Rosas y Carballo, tanto en el casco urbano como en el panteón, la escuela primaria y la plaza pública, así como en el registro civil y sus principales  referentes históricos.
Aún cuando el municipio de Álamos es uno de los calificados en Sonora como de alta marginación y atraso, lo que se observa en la conformación comunitaria en El Chinal es que no se nota la pobreza, mucho menos que se les presente un cuadro de pesimismo social, como ocurre en otras comunidades de municipios pobres, y por supuesto, tampoco se nota el atraso de una comunidad a la que se llega después de recorrer 57 Kilómetros de terracería, partiendo de la cabecera municipal a 4 kilómetros de la comunidad del Maquipo y a un paso de cruzar la frontera con el estado de Sinaloa.
Cansados sus habitantes, por generaciones completas, de las adversidades y de tener que batallar con las dificultades y el atraso por la falta de agua, electricidad, escuelas y oportunidades de empleo, y tener que emigrar hacia otras regiones para realizar trabajos agrícolas y ganaderos mal pagados e inciertos, que los volvía dependientes del clima, de las temporadas agrícolas -como la pizca del algodón-, del humor de los granjeros de la región del Mayo o de la discriminación, un buen día decidieron emprender sus propios negocios tomando como ejemplo el esfuerzo de los pioneros como Héctor Félix, que trabajó en los carros de hot dog que manejara en la década de 1970 en Navojoa Armando R. Bours Félix.
Don Héctor se fijó en las potencialidades del hot dog y empezó a apoyar con todo a aquel paisano del Chinal que quisiera incursionar en el negocio, asesorándolo tanto en el manejo y la adquisición de los carros como en la gestión de los permisos municipales, en el trato a los clientes y en el proceso de abastecimiento de los insumos para la preparación del alimento en forma masiva para abaratar los precios y hacer así un proceso más ágil, oportuno y organizado.
Gradualmente y en menos de 30 años, las microempresas de los hot dog que parten del Chinal han apoyado a más de mil familias originarias que se ubican en gran parte del estado de Sonora, Sinaloa, en parte de Chihuahua y en algunos lugares de Arizona. Han contribuido notablemente a mejorar el ingreso de la población y lo han reflejado hacia el interior de su comunidad a través de un mayor bienestar de las familias basado en la solidaridad de verse todos, precisamente; como una gran familia.
De esos años a la fecha, los lazos comunitarios entre los chinaleños se han estrechado por medio de una comunicación constante que se consolida en las épocas del retorno a su pueblo (básicamente navidad y Semana Santa) para buscar unificarse más a través de la cooperación comunitaria, la religión, el deporte, la cultura, la convivencia a través de su agudísimo sentido del humor, la presunción de sus raíces, y sobre todo en los momentos de festividad o duelo, de goce y de dolor: bautismos, velorios, bodas, y festividades populares incluido su santo favorito: San Isidro.
Ellos afirman que su política es muy sencilla y la basan en el proverbio chino de mejorar a la gente “enseñándole a pescar” y no nada más tratar de dar pescado. No han ocurrido al crédito bancario porque consideran injusto y muy caro el tratamiento con los bancos -además de no considerárseles sujetos de crédito- aparte de lo engorroso que les resulta la tramitología financiera. Han optado mejor por el crédito a la palabra, “el crédito familiar”, el de la confianza entre ellos mismos, conocedores de la garantía que significa la cultura del trabajo y la laboriosidad del chinaleño, y considerando que en el ramo del hot dog, el que logra ventas de cien panes diarios puede considerársele que ya la hizo, que tuvo éxito con un negocio viable, seguro y que crecerá con el tiempo, que fortalecerá la tendencia general entre ellos de “no depender de nadie” y de manejarse por cuenta propia.
Cuentan con otra virtud “rara avis” en el mundo de los negocios: En el trato entre paisanos aseguran no conocer de envidias ni rencores, hacia el que le va bien en el negocio. Seguro de que si alguno de ellos logra el éxito, eso se reflejará en el ámbito de los demás y en ayuda para los que vienen atrás. Consideran aparte que en su código de conducta no existe la actitud ni el concepto de la derrota. El Chinal ha progresado sin duda, se palpa y se siente.
Ahí tienen los teóricos de la lucha contra la pobreza un ejemplo de superación de las condiciones adversas de la gente a través del esfuerzo propio, y de la solidaridad a través de valores comunitarios cuajados en el tiempo por la necesidad, las dificultades de la geografía y el aislamiento. También por la cultura regional, el orgullo del origen común, el cariño por el terruño y la sencillez de quienes han optado por servir y trabajar por los demás
Ojalá que el ejemplo que en Sonora y en la región están dando los habitantes del Chinal fuese analizado -en su justa dimensión- por los esquemas de política social de los gobiernos -no para exportar el modelo- simplemente para registrarlo y valorarlo, porque aquí sí se ha dado una muestra fehaciente objetiva y tangible de que la pobreza de las comunidades se puede atacar y combatir con eficacia, sin desintegrarlas, sin confrontarlas y distribuyendo realmente el ingreso a través de un esquema justo de apoyo.
Se trata de una rara -por inusual- mezcla de un individualismo con iniciativa estilo americano, con el sentido de la búsqueda de la calidad de vida en colaboración con los demás al estilo europeo.
Entre ellos se dicen “los güeros” por sus características físicas y el color de su piel, capítulo aparte merece destacar la belleza de sus mujeres, reconocidas por tirios y troyanos.
¿Qué ha hecho posible que los habitantes del Chinal se hayan reinventado a sí mismos?, básicamente la confianza,misma que se traduce en una actitud cultural positiva y optimista arraigada entre ellos que genera la tendencia favorable de creer en sí mismos y en sus posibilidades de cooperación, en el coraje de luchar contra la adversidad y los valores comunes de solidaridad e independencia, compartidos por todos. Adelante por los chinaleños emprendedores que han demostrado que cuando se quiere se pueden hacer las cosas y nada puede contra la unidad de un pueblo que comparte realidades, sueños, aspiraciones y proyectos comunes.
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