• Hermosillo, Sonora, México a 2010-03-07  |  Año 29 No. 11    

Las fracturas: Sonora y sus crisis políticas


Nota publicada: 2010-03-07

Descanse en paz Don Tomás Baynori: dirigente campesino ejemplar: para el, estas líneas.

En el siglo XX, la primera gran fractura política en Sonora se dio cuando el gobernador José María Maytorena regresó al gobierno estatal y optó por luchar contra el carrancismo representado por Obregón, De la Huerta y Calles, y aliarse con Villa en la pugna regional por el poder. El conflicto subsistió por años (1913-1920) las rencillas políticas nunca sanaron y los principales actores de la crisis política murieron sin reconciliarse. A Maytorena le quitan sus bienes y se va al exilio, regresa en el régimen del presidente Cárdenas. El revolucionario que “entró rico al movimiento revolucionario y salió pobre” murió en 1948, esperando que le regresaran sus bienes. En 1950 el presidente Alemán autoriza devolverlos.

El 23 de abril de 1920 se firma el plan de agua prieta: Ahora Calles de la Huerta y Obregón contra Carranza por su pretensión de imponer en la presidencia a Ignacio Bonillas, un “civil”, tratando con ello de bloquear las aspiraciones de Álvaro Obregón. Carranza muere al querer llegar a Veracruz, De la Huerta es presidente por 6 meses, y Obregón es electo presidente para el período 1920-1924.

La siguiente fractura con violencia se dio cuando Adolfo de la Huerta -secretario de Hacienda-, apoyado por la mayoría de jefes del ejército, se rebeló en 1923 contra Álvaro Obregón cuando seleccionó a Plutarco Elías Calles para sucederlo en la presidencia de la República; Durante ese periodo de lucha hubo enfrentamiento armado y tensiones políticas. Por esa razón resulta asesinado Francisco Villa. Calles fue presidente y De la Huerta se exilió en Los Ángeles, donde sobrevivió dando clases de canto. Once años después en 1935 Lázaro Cárdenas lo regresa a México y lo hace visitador de consulados se desempeñaría después como jefe de la oficina de pensiones.  De la Huerta muere en 1955. Los principales actores de esa fractura política murieron distanciados y prácticamente Sonora se dividió y se resintió la fractura.

El 17 de julio de 1928 es asesinado el presidente electo Álvaro Obregón. Las secuelas políticas del magnicidio afectaron políticamente a Sonora y las relaciones entre los partidarios de Plutarco Elías Calles y los del presidente fallecido se deterioraron en forma irreversible en la entidad. Como secuela, en 1929 se presenta la llamada “Revolución Renovadora”, una rebelión de actores importantes del Obregonismo contra la línea política del centro y Emilio Portes Gil. En esta batalla participaron Gilberto Valenzuela, Alejo Bay, Roberto Cruz, el gobernador en turno Fausto Topete, su hermano Ricardo, Román Yocupicio entre otros. Desaparecieron los poderes estatales, la fractura amainó pero dejó secuelas. Muchos personajes salieron al exilio, unos ya no regresaron como Fausto Topete, que se quedó a vivir en Mexicali dedicado a la construcción, participó en la fórmula de Ezequiel Padilla como candidato a senador y murió en San Diego en 1952. Por su lado, Gilberto Valenzuela creador del plan de agua prieta y ex secretario de gobernación de Calles fue postulado por el PAN candidato al senado por el DF en 1946.

Entre 1929 y 1933 se presenta el conflicto religioso con cierre de templos y se junta con la persecución anti-china: Fueron los períodos de Francisco S.Elías y Rodolfo Elías Calles; por la salida de los capitales chinos quebró el Banco de Sonora. La experiencia -por los abusos cometidos, el golpe a la sensibilidad popular y las fortunas surgidas de esas persecuciones- para Sonora fue muy grave; pasó mucho tiempo para que se asimilara el golpe y la entidad se dividió social y políticamente.

En 1935 el presidente Lázaro Cárdenas renuncia en su gabinete a personajes cercanos al ex presidente Plutarco Elías Calles, y caen por los mismo motivos cinco gobernadores, entre ellos el de Sonora Ramón Ramos Almada. Sonora lo resiente, -sería la última ocasión del siglo XX en que desaparecen los poderes-. Le toca después la política de conciliación al gobernador interino Jesús Gutiérrez Cázares, amigo de Cárdenas. En la elección siguiente de 1937 es elegido un participante del movimiento renovador que alcanzó a conciliar con Cárdenas y se postuló por el PNR: Román Yocupicio de Masiaca.

En el gobierno de Yocupicio la pugna se da “contra las tendencias centralistas y homogeneizadoras del gobierno Cardenista; entre focos de conflicto; la cuestión sindical, la cuestión agraria y la cuestión religiosa” (Almada Bay). Yocupicio opone la creación de la CTS (confederación de trabajadores de sonora) contra Lombardo y el proyecto de la CTM.

En 1949 se presenta el conflicto Ignacio Soto vs. Jacinto López, alegando fraude electoral. Se instala incluso un gobierno paralelo en el Jardín Juárez encabezado por el mismo Jacinto. El movimiento político se diluye pero acelera notablemente la lucha de las izquierdas por beneficios sociales en el campo y en los centros de trabajo, entre otros la entrada del IMSS y algunos repartos agrarios (latifundio Green) en regiones de la entidad.

En 1961 se presenta la crisis política por el problema sucesorio dentro del PRI, donde se ven involucrados Luis Encinas Johnson, Ricardo Topete Almada y Fausto Acosta Romo. Al final, y con tensiones políticas notables Encinas resulta postulado, pero quedan las secuelas políticas por una deficiente operación política del centro.

En 1967 nuevamente se presenta la pugna sucesoria. Al PRI nacional, que dirigía Lauro Ortega, se le enredan los procedimientos como seis años atrás: Aparece otra vez Fausto Acosta Romo, ahora contra Leandro Soto Galindo, Enrique Cubillas y Faustino Félix Serna. Al final Félix Serna resulta postulado candidato y gana la gubernatura. El PAN postula a Gilberto Suárez Arvizu quien fuera secretario de Gobierno de Yocupicio. El PAN gana en el Estado sus primeros ayuntamientos incluyendo a Hermosillo.

Entre 1969 y 1974 la entidad vive tensiones políticas por la operación de movimientos guerrilleros en algunos municipios. Se alteran con relativa frecuencia la vida estudiantil, el campo, la UNISON y el sector educativo.

En 1975 el centro decide separar del cargo al gobernador del Estado Carlos Armando Biébrich por los enfrentamientos con saldos sangrientos de San Ignacio Río Muerto. Por fortuna no desparecen los poderes, aunque la población se resiente políticamente y se incrementa notablemente la abstención electoral en la elección presidencial de José López Portillo ocho meses después, aunque no tuvo rival, porque el PAN también se enredó en sus conflictos internos y no postuló candidato a la presidencia.

En noviembre de 1976 se da el reparto de tierras en los valles del Yaqui y Mayo. Aquí se dio la particularidad política de que nunca se observó una solidaridad fraterna, decidida y plena de la gente de Hermosillo hacia la gente del sur de la entidad. Ahí se registró una oleada de sectores medios hacia el panismo que consolidó presencia en el Estado a partir de 1979.

En 1994 la entidad resiente la muerte de Luis Donaldo Colosio. La gente abrigaba la esperanza -que se frustró- de un sexto presidente de la República de origen sonorense en 142 años. Ironías de la política y la historia con Sonora. Obregón presidente electo asesinado en 1928, Colosio candidato a la presidencia asesinado 66 años después.

A la distancia y en un recuento de casi 100 años, Las divisiones políticas en Sonora han dado pie al retroceso, al conflicto, a la violencia, a la  pluralidad y al multipartidismo. A la competencia regional y a la alternancia en el ejercicio del poder. Han dejado huella.

En plena conmemoración centenaria, el 2010 puede ser la expresión de un capítulo más de fractura política en Sonora, en caso de que no se imponga la cordura y si se le siga apostando a la división entre norte y sur por el problema del agua. Puede reeditarse un nuevo 1976, ese es el riesgo.

Hasta hoy, las cosas han llegado a tal nivel de rispidez política y social que los expertos en marketing político -que están en su apogeo cobrándole al gobierno estatal lo que quieren- no han medido las consecuencias que se han generado por la división y la confrontación política que ya se observa entre el norte y el sur, y hacia el interior de los mismos municipios.

Todo ello puede derivar en violencia e inestabilidad y en la debilidad de un gobierno que empieza, así como en su falta de legitimidad. Como que nadie del gobierno ha medido todavía las consecuencias y le siguen atizando al problema con excesos en la publicidad oficial, con la intimidación del adversario, con la frase hueca y con la calcomanía forzada, como si todavía estuviésemos en campaña electoral.

Es inédito que un gobierno que apenas lleva seis meses, esté ya en medio del desgaste,-y en el ojo del huracán- de los enfrentamientos políticos internos, que en la historia moderna han sido siempre los más costosos. Ante ello, se impone la prudencia política y la visión de Estado, así como el privilegiar el interés general sobre el interés privado. También la madurez, la autenticidad en el tratamiento de gentes y grupos, y un real conocimiento de la historia, -para no volver a repetirla en sus errores y en sus excesos-. Ahí están los ejemplos. ¿Para qué tantos brincos?.



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