• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 24 No. 724    

Educación en línea… no hay de otra

Azalea Lizárraga / azaleal@prodigy.net.mx




Nota publicada: 2020-07-29

Dicen los psicólogos que hoy en día los niveles de ansiedad son muy altos entre la población. No es para menos.  Todos tememos la incertidumbre que nos causa una enfermedad, la pérdida de seres queridos, o el rosario de imprevistos que surgen en lo que hasta hace pocos meses atrás era vivir una realidad que creíamos conocer y en la que esperábamos -optimísticamente- vivir a plenitud y salir triunfantes.

 

Con la contingencia, nuestro pequeño mundo colapsó y ahora incursionamos en nuevas formas de convivencia y hacer las cosas, en confinamiento los que podemos o debemos hacerlo; los que obligatoriamente o por elección deben salir, algunos lo hacen con miedo y esperamos que con responsabilidad social; aunque nunca faltan los que salen como si nada se pudiera interponer en su camino, menos un virus tan diminuto que, como no lo ven ni han sufrido por su causa, les vale.

 

Todos tenemos diversas formas de ver y enfrentar la vida y en ello radica el valor y la trascendencia del ser humano.

 

La gobernadora Claudia Pavlovich y su equipo de trabajo, en concordancia con las directrices del gobierno federal, ponderaron los factores a la mano y decidieron, en forma responsable para la salud de los sonorenses, que el nuevo ciclo escolar iniciara en línea, entendiéndose con esto desde el uso de la radio y las tradicionales copias en aquellas comunidades a las que todavía no llegan los avances tecnológicos, ni mucho menos cuentan con recursos para acceder a los mismos; hasta las modernas plataformas digitales, via internet, de las que harán uso quienes estén preparados para ello; sin olvidarnos de la televisión local.

 

Tanto la SEP como la SEC, instituciones educativas de todos los niveles, desde el básico al superior, públicas o privadas, han estado preparando a la mayoría de sus docentes para enfrentar los retos que trabajar en línea conlleva.  El tiempo dirá qué tan provechosa fue la enseñanza impartida y recibida. En el sector de maestros comprometidos con la educación, el nivel de ansiedad es alto.  

 

Tampoco perdamos de vista la ansiedad generada entre los estudiantes que ya comprenden la importancia de educarse, sobre todo entre los catalogados como ”sectores vulnerables” y que saben no lo harán en condiciones óptimas; ansiedad de la que tampoco escapan los que cuentan con las herramientas para ello, porque no es lo mismo jugar o “cotorrear” por internet, que tener que aprender, capacitarse y prepararse para la vida.

 

También es preocupante el nivel de ansiedad de los padres de familia, independientemente de que puedan quedarse en casa o no, porque no obstante haber cursado ya al menos los estudios básicos, porque la enseñanza no es tarea fácil. Los hay quienes ni se involucraban en las tareas de los hijos. ¿Cómo enfrentar las nuevas exigencias?   

 

¿Qué sentirán los que deben reactivarse al sector productivo y tienen hijos desde guardería a primaria? Aquellos padres que saben de los riesgos implicados al dejarlos solos en casa, por no tener hermanos mayores o familiares que los cuiden, ya no digamos que puedan auxiliarlos con las actividades escolares en línea.  Allí es más crítica la situación y no hay Chapulín Colorado que pueda ayudarles. Claro, la esposa puede dejar de trabajar pero… ¿y si la economía familiar no lo permite?

 

Además, sabemos que la ansiedad en el seno familiar, si no se canaliza adecuadamente, genera entornos donde la violencia puede irrumpir hacia cualquiera de los integrantes de la misma, sin dejar de lado la desintegración del núcleo familar.

 

Otro tema que debe analizarse, son las voces de liderazgos que argumentan que la educación en línea puede ser considerada discriminiatoria para aquellas poblaciones que no cuentan con los recursos tecnológicos para hacerlo, lo que claramente prohibe la Constitución. 

 

Un líder sindical universitario, por ejemplo, solicita un programa para facilitar que todos cuenten  con computadoras, periféricos y acceso a internet; no hacerlo es un acto discriminatorio con los alumnos que no poseen estas herramientas.  Una acción de justicia social que se oye bien, solo habría que elevar las voces hacia quienes asignan los presupuestos educativos correspondientes. Podemos decir que, cuando menos aquí en Sonora, ya existen apoyos gubernamentales para facilitar el acceso a internet a los alumnos.

 

Otros están solicitando al gobierno que aunque el regreso a clases sea en línea, se exiga el uso de uniformes escolares como medida de apoyo a los pequeños comerciantes. Entendemos su preocupación, pero no avalamos sus propuestas. 

 

De hacerlo así, no tardarían los propietarios de tienditas escolares y hasta el transporte urbano en solicitar también el resarcimiento de sus pérdidas como consecuencia de la contingencia. Finalmente,  todos estamos sufriendo sus efectos; hay que buscar alternativas más creativas e innovadoras. 

 



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