• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 24 No. 724    

Felicidad en lugar de PIB

Azalea Lizárraga / azaleal@prodigy.net.mx




Nota publicada: 2020-05-20

En esta época de contingencia sanitaria donde, querámoslo o no, hemos tenido que resguardarnos en casa y convivir mucho más con nuestra familia en una experiencia inédita que algunos hemos aprovechado al máximo para disfrutar esos pequeños-grandes detalles que usualmente no les prestamos la debida atención, como fortalecer nuestra relación de pareja o con nuestros hijos, si es que tenemos la dicha de tenerlos todavía en casa.

Desafortunadamente también, el resguardo domiciliario saca también a flote nuestros demonios e inseguridades, por lo que no ha sido un tiempo gratificante para cientos de familias que, en sus diversas modalidades, sufren algún tipo de violencia intrafamiliar. Y con esa temible palabra, violencia, me refiero no solo a la que atenta contra nuestra seguridad física y/o nuestra vida, sino a esas “sutiles” situaciones que van desde los gritos y la falta de respeto a nuestro ser y hacer, a esas agresiones verbales que, como decía mi madre, no por ser palabras dejan de herir hasta el fondo del alma;  bueno, si usted es de los afortunados que cree tenerla.

Este miércoles 20 fue día de los psicólogos en México. Desde aquí nuestro reconocimiento a “los loqueros”, como les llamamos en el ámbito del bullying profesional y en el que tengo excelentes amigos y amigas. Mi respeto y consideración por el trabajo tan difícil y delicado que les toca manejar.

Puedo imaginar que esta profesión, tan mal entendida en nuestro país, ha cobrado una gran importancia en los últimos años, ya sea porque ahora la gente se atreve a buscar ayuda, o porque las afectaciones psicológicas han alcanzado niveles preocupantes. Tarea nada fácil hacer que cerebro y corazón se entiendan.

Casi todo lo atribuimos al estrés que vivimos; pudiera ser, aunque hay muchos otros factores que influyen en este tipo de alteraciones de la mente. Dicen que existe un síndrome de la cuarentena generado por el estrés que causa el encierro y que se manifiesta con “ansiedad, temor, agresividad, apatía o incredulidad”.

Aceptado; pero la agresividad es algo más profundo que tiene que ver con algún daño psicológico del individuo o, como decía mi mami, porque ya son de mala calaña.

Lev Vygotsky, psicólogo judío, decía que “una mente no puede entenderse sin la cultura”, algo que apela a mi sentido común, tal vez porque considero que en el fondo de toda violencia existe una falta de educación, en el sentido más amplio de la palabra, que tiene que ver con valores y respeto al ser humano y la vida. Si no se da así, se produce una “deformación” de la mente.

Si a lo anterior le sumo lo que dice otro grande de la psicología, Carlos Jung –no un “loquero” cualquiera, sino el fundador de la escuela de psicología analítica, la de “los complejos”, como la llaman los que a esto se dedican-, en el sentido de que “la palabra felicidad perdería su sentido si no se equilibra con tristeza”, tengo temas para reflexionar en estos tiempos de contingencia donde las autoridades sanitarias nos piden quedarnos en casa, pero la realidad les urge, a muchos, salir corriendo y resguardarse en el ámbito laboral o el contexto de amigos, para eludir la agresividad que amenaza con tornarse peligrosa de seguir en casa.

No sé usted, pero recomiendo escuchar de vez en cuando algunos podcast de felicidad en los diferentes países del orbe, sobre todo ahora que a nuestro presidente López Obrador le dio por realizar cambios “sustanciales” en su política económica y los parámetros de medición, de forma tal que debemos dejar utilizar términos “obsoletos”, como Producto Interno Bruto, PIB, y otros índices de crecimiento económico, para utilizar términos como desarrollo y bienestar espiritual.

Y es que con datos que proporciona INEGI, el PIB de México se contrajo 0.1% en el 2019, lo que apunta a un desempeño negativo de nuestra economía. Naturalmente, no le gustó a nuestro presidente, por lo que optó por desestimar tales indicadores y desviar la atención hacia el bienestar y felicidad de la población que, desde su particular perspectiva, se ha visto favorecida desde la llegada de la 4T.

Imagino que se refiere a los programas de apoyo a adultos mayores y discapacidad -nuestro reconocimiento por ello, con sus asegunes, claro está-; o el de los ninis, una estrategia que, humildemente, consideramos mal implementada que no convence.

Pero ojo, no se ría usted de nuestro presidente. Ciertamente es un modelo alternativo disruptivo para medir el crecimiento económico de un país, pero que está siendo impulsado en países como Finlandia o Nueva Zelanda, donde la primera ministra “ha propuesto un nuevo tipo de economía que aborde, de forma más sistemática en sus políticas, los principios de bienestar social, mayor calidad de vida y protección al medio ambiente”.

Obvio, son países que cuentan con una sólida red de protección social, sistemas educativos y de salud de alta calidad, parámetros que difícilmente podemos presumir en nuestro país.



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