Nota publicada: 2026-10-30
Stiven Rodríguez descubrió que cumplir con el Servicio de Administración Tributaria (SAT) podía convertirse en un negocio de software. Tras reenfocar Heru, ahora apuesta por freelancers, profesionistas y pequeños negocios que quieren declarar impuestos sin convertirse en contadores.
Un médico sabe atender pacientes. Una diseñadora sabe construir una identidad visual. Un conductor sabe moverse por la ciudad. Sin embargo, ninguno necesariamente sabe calcular el impuesto sobre la renta (ISR), revisar deducciones, elegir el régimen fiscal correcto o recordar qué debe presentar ante el SAT cada día 17.
Convertirse en trabajador independiente en México puede implicar justamente eso: además de aprender a conseguir clientes, cobrar y administrar el negocio, hay que adquirir una especie de segundo empleo como contador aficionado.
Para Stiven Rodríguez Sánchez, cofundador y actual director ejecutivo de Heru, ahí existe el verdadero problema.
“No es que la gente no quiera pagar impuestos, es que no sabe cómo y le da miedo equivocarse”, explica en entrevista escrita con Emprendedor.com.
La startup convirtió esa preocupación en un producto tecnológico.
Heru conecta información fiscal del usuario, analiza facturas, prepara declaraciones, permite generar comprobantes fiscales digitales por Internet (CFDI) y combina automatización con soporte humano cuando el caso sale de lo rutinario. Su sitio reporta más de 50 mil contribuyentes que utilizan la plataforma.
El modelo parte de una idea que podría aplicarse mucho más allá del SAT: cuando algo es obligatorio, frecuente, complejo y aburrido, reducir las dificultades para realizarlo puede convertirse en una oportunidad de negocio.
El impuesto puede ser complejo; el producto no debería serlo
Rodríguez describe el atractivo empresarial del problema casi como una paradoja: los impuestos son poco atractivos y precisamente por eso existe una oportunidad.
“Cuando algo es aburrido, complicado y obligatorio, casi nadie lo quiere construir, pero todo el mundo lo necesita, cada mes y por años”, afirma.
Buena parte de la infraestructura que permite automatizar ese trabajo ya existe. El SAT digitalizó facturas, declaraciones, buzón tributario y distintos servicios, por lo que las plataformas pueden utilizar esos datos para clasificar comprobantes y preparar obligaciones fiscales.
Heru intenta convertir todo ese entramado en tres pasos: conectar, revisar y aprobar.
La empresa ofrece planes para freelancers, profesionistas, personas inscritas en el Régimen Simplificado de Confianza (RESICO), pequeños negocios y trabajadores de plataformas digitales. Su sitio muestra precios desde 249 pesos mensuales en algunos productos, con descuentos para pagos anuales.
Esto no significa que el software elimine la responsabilidad fiscal del contribuyente. De hecho, ahí aparece una de las consideraciones más importantes del modelo.
La inteligencia artificial puede preparar tu declaración, pero el SAT seguirá preguntándote a ti
La inteligencia artificial puede clasificar facturas, encontrar posibles deducciones y comparar información rápidamente. Sin embargo, una respuesta convincente de una máquina no convierte automáticamente una interpretación fiscal en correcta.
“Si el sistema clasifica mal un gasto, el que responde ante el SAT es el contribuyente, no ChatGPT”, advierte Rodríguez.
Por ello, Heru plantea un esquema híbrido: automatización para los procesos repetitivos, revisión humana para casos complejos y autorización del usuario antes de presentar información.
Esa precaución también aparece en sus términos de servicio. La compañía señala que su software procesa la información proporcionada por el usuario y advierte que la exactitud de los resultados también depende de que los datos entregados sean correctos.
Se trata de un aspecto particularmente importante a medida que más productos financieros, legales y contables incorporan inteligencia artificial.
Automatizar una decisión no transfiere automáticamente la responsabilidad a la máquina.
La dificultad para cumplir puede explicar más que la mala fe
Heru afirma haber encontrado una diferencia importante cuando reduce el número de pasos necesarios para presentar una declaración.
Rodríguez sostiene que, entre determinados contribuyentes analizados por la compañía, el cumplimiento de obligaciones puede pasar de alrededor del 25% al 97% cuando existe automatización, recordatorios y presentación simplificada.
La explicación del fundador es menos moral que operativa: una declaración se olvida, después se acumulan dos y luego cuatro. En algún momento, abrir el portal del SAT se parece más a descubrir qué hay detrás de una puerta que se ha evitado durante meses.
“Lo que cambia no es la persona, lo que cambió es la fricción al momento de querer cumplir”, dice.
La startup afirma, además, que uno de cada cuatro usuarios de RESICO analizados tenía al menos una declaración mensual de 2025 pendiente.
Elegir mal el régimen fiscal también cuesta dinero
Otro problema aparece incluso antes de presentar la declaración: determinar si el contribuyente se encuentra en el régimen fiscal adecuado.
Rodríguez asegura que un análisis de facturas reales realizado por Heru encontró que seis de cada 10 personas inscritas en el régimen de Actividad Empresarial, cuyos ingresos están por debajo del límite establecido para RESICO, pagarían menos dentro del régimen simplificado.
En 2026, una persona física puede tributar en RESICO si realiza determinadas actividades empresariales o profesionales y sus ingresos del ejercicio anterior no superan los 3.5 millones de pesos, entre otros requisitos.
Además, se encontraba en proceso legislativo una reforma para elevar ese límite a cinco millones de pesos a partir de 2027 y permitir, bajo ciertas condiciones, el regreso de contribuyentes que hayan salido por incumplimiento.
De acuerdo con el texto original, la Cámara de Diputados aprobó la propuesta en octubre y, hasta el 26 de octubre, el dictamen había avanzado en comisiones del Senado, pero todavía requería la aprobación del pleno y su publicación en el Diario Oficial de la Federación para convertirse en ley.
Formalizarse debería representar crecimiento, no miedo
Para Rodríguez, uno de los principales retos consiste en convencer a los trabajadores independientes de que formalizarse puede ayudarles a construir un negocio.
“La mayoría ya sabe que tiene que pagar”, dice. “Lo que no ve es qué gana”.
La formal