• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 29 No. 11    

Cuando tu contacto en China se llama Bob Dylan: negocios, drones y nombres globales

LA JORNADA /




Nota publicada: 2026-05-04

Guangzhou. Bob Dylan tiene un negocio en mente y tú le pareces un medio para concretarlo. Luego de una exposición de drones repartidores, te lo encuentras en medio de un centro de exhibición donde se despliegan vehículos y otras tecnologías para el desarrollo de lo que se llama la economía de baja altitud, un concepto que se refiere al intercambio de bienes y servicios usando el espacio aéreo por debajo de mil metros.

Dylan se presenta y parece que su interés en ti y tu grupo de colegas crece cuando sabe que son de América Latina; se monta en el mismo autobús que tú, escanea tu contacto de WeChat –aplicación similar a WhatsApp, pero con muchos más servicios integrados, como el pago con QR– y te cuenta un poco más de su carrera profesional y del negocio que tiene en mente.

Bob Dylan quiere vender grupos electrógenos en América Latina. Ya lo ha hecho en Brasil, y ve en ti y tus colegas un potencial canal para obtener contactos y/o socios en México, Perú y Chile. Sabes que es imposible, pero lo escuchas sin romper de tajo sus expectativas. Te cuenta un poco más sobre su ambición de colocar en nuevos mercados esos dispositivos capaces de generar energía eléctrica a partir de un motor de combustión interna y que son útiles en sectores donde es inaceptable cualquier pausa en el suministro, como las minas, los centros de datos o los hospitales.

Hasta ahora no sabes lo más importante de quien busca un trato contigo. Te enseña su tarjeta de presentación. “Bob Dylan” encabeza el pequeño rectángulo de papel. Ahora salta como necesidad encontrar un canal conductor entre el músico estadunidense y este relacionista público chino. Es ahí donde no puedes dejar de preguntar, no sobre los grupos electrógenos ni sobre el negocio que tiene en mente, sino sobre esa nueva identidad revelada: “¿Cómo llegaste a este nombre, Bob Dylan?”

Como muchos chinos que –durante el aprendizaje de otro idioma, los estudios de universidad o su incorporación al mercado laboral– se hacen de un nombre “occidental” para facilitar la comunicación con extranjeros, Doutianhui (escrito en piyin, el sistema de transcripción fonética de los caracteres chinos) se hizo del suyo porque el sonido de “Dylan” le pareció cercano a su nombre de nacimiento y el “Bob” se le antojó complemento.

Apenas igual de simpático es el nombre de un ingeniero que responde preguntas de reporteros sobre los megadrones que cuentan con una cabina para trasladar pasajeros y se presentan al mercado como taxis autónomos. Al final de una serie de cuestionamientos entrega su tarjeta y todo guiño entre su trabajo y su identidad se condensan en un “Peter Pan, gerente senior de mercadotecnia de Pilotless Air Taxi Company Ehang”.

Si bien la elección de un nombre chino quiebra la mente de los padres que quieren condensar en éste el destino para sus hijos –como Haoyu, “universo vasto/inmenso”; Ruize, “bendición auspiciosa”; Yichen, “grande y celestial”; Muyao “bañada por el jade precioso”, o Xinyi “alegre y contenta”–, en apenas un par de caracteres que van luego del apellido, la adopción de un mote en otro idioma se deja más a la inventiva de sus portadores.

Algunos no cambian su nombre chino para comunicarse en otro idioma porque la pronunciación realmente no resulta complicada para un anglo o hispanoparlante; otros van más a lo ortodoxo, como una Estrella; otros a un símil fonético a su nombre chino, como una Inés; también hay quienes se van por algún héroe personal, literario, histórico o musical, y otros más podrán ser Huning en chino, Victor en inglés y Brillo en español.



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