Nota publicada: 2026-02-03
El consumo de té vive una transformación gradual impulsada por nuevas formas de preparación. Cada vez más personas optan por la infusión en frío, una técnica que no sólo responde a preferencias de sabor, sino que también modifica la composición química de la bebida y, con ello, sus posibles beneficios para la salud.
De acuerdo con un estudio publicado en la revista Food Chemistry por la Universidad de Pisa, la temperatura del agua, el tiempo de infusión y el tipo de té influyen directamente en la concentración de compuestos bioactivos. Estas variables determinan tanto el perfil nutricional como las características sensoriales de la bebida, convirtiendo la elección entre té frío o caliente en un factor relevante más allá del gusto personal.
Antioxidantes y composición química
La investigación analizó té verde y negro, y encontró que la infusión en frío tiende a conservar mayores niveles de catequinas, un grupo de antioxidantes asociados con efectos antiinflamatorios y cardioprotectores. En contraste, la preparación con agua caliente favorece la liberación de epigalocatequina galato (EGCG) y teaflavinas, compuestos con alta actividad antioxidante.
El estudio también señala que el método en frío preserva mejor la vitamina C y ciertos aminoácidos sensibles al calor. Sin embargo, la infusión caliente permite extraer en mayor proporción cafeína y algunos compuestos fenólicos. En conjunto, los resultados indican que no existe un perfil único: cada método produce una bebida con propiedades distintas, determinadas por la temperatura, el tiempo de reposo y la calidad de las hojas.
Beneficios para la salud respaldados por la ciencia
Diversas investigaciones epidemiológicas y clínicas han vinculado el consumo regular de té con mejoras en la salud cardiovascular. Revisiones científicas citadas por la Universidad de Pisa destacan que los polifenoles y flavonoides del té pueden contribuir a reducir la presión arterial, mejorar los niveles de colesterol LDL y favorecer la función endotelial.
Otros estudios publicados en The American Journal of Clinical Nutrition relacionan la ingesta habitual de té verde con una menor probabilidad de accidente cerebrovascular y sugieren que sus flavonoides podrían ayudar a proteger frente al deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer y Parkinson.
Los especialistas coinciden en que el consumo de entre dos y cuatro tazas diarias puede aportar beneficios, siempre que se mantenga la moderación, especialmente por el contenido de cafeína, que puede afectar a personas sensibles o con alteraciones del sueño.
Diferencias sensoriales y preferencias del consumidor
Más allá del aspecto nutricional, el sabor juega un papel central. El té infusionado en frío suele presentar un perfil más suave, con menor amargor y acidez, debido a la reducción en la extracción de taninos, responsables de la astringencia. Esta característica lo convierte en una alternativa atractiva para quienes buscan bebidas más ligeras.
Además, la preparación en frío facilita la incorporación de frutas, hierbas y otras combinaciones, ampliando las opciones de consumo y adaptándose a tendencias actuales de bebidas funcionales.
No hay un método universalmente mejor
La evidencia científica coincide en que no existe una forma de preparación superior en términos absolutos. Tanto el té frío como el caliente pueden ofrecer beneficios, dependiendo del tipo de hojas, el método de infusión y los hábitos de consumo.
Los expertos subrayan que lo más importante es la constancia y la integración del té dentro de un estilo de vida saludable. En este sentido, la elección entre frío o caliente responde principalmente a preferencias personales, con la certeza de que ambos métodos pueden aportar efectos positivos cuando se acompañan de una dieta equilibrada y un consumo responsable.