Nota publicada: 2026-08-31
Caracas.- A casi ocho meses de la agresión militar estadunidense contra Venezuela que produjo un centenar de muertos y el secuestro y traslado a una prisión de Nueva York del presidente Nicolás Maduro, el incremento del flujo de petróleo venezolano hacia las refinerías de la costa del Golfo de México da cuenta del resultado geopolítico de la intervención y la nueva relación establecida entre Washington y Caracas.
Un recuento de los anuncios hechos por la Casa Blanca y las declaraciones triunfalistas del propio presidente, Donald Trump, confirman que Estados Unidos ha logrado capturar y controlar un volumen acumulado que supera los 143 millones de barriles de crudo, abriendo el camino hacia la apropiación estratégica de hasta 65 mil millones de barriles a largo plazo.
La cuenta comenzó el 6 de enero, pocos días después de la agresión, con lo que fue presentado por el mandatario estadunidense como un envío directo de un lote de 30 a 50 millones de barriles almacenados en supertanqueros varados por las sanciones que su gobierno mantenía sobre el país agredido.
Al finalizar agosto ya se habla del “acuerdo petrolero más grande de la historia” y del aumento de las reservas estratégicas mediante un “regalo de Venezuela al pueblo estadunidense”, según el mismo Trump en su red Truth social este domingo.
Al recapitular los anuncios hechos desde aquel primer botín registrado en enero, es posible reconocer el incremento sostenido del suministro de crudo venezolano hacia Estados Unidos. Durante los dos primeros meses del año, operativos de interdicción reportados por el Comando Sur y la Guardia Costera ejecutaron la confiscación de al menos siete buques cisterna en aguas internacionales, arrebatando de forma directa entre 5.5 y 7 millones de barriles bajo el argumento judicial de violar el esquema de sanciones.
Dichos cargamentos fueron desviados de inmediato y descargados en muelles de la costa del Golfo de México. Trump declaró entonces directamente al ser consultado sobre el destino de ese petróleo: “Nos lo quedaremos”.
Sin embargo, la cifra de mayor envergadura no proviene de los abordajes navales, sino del posterior drenaje comercial continuo. Al amparo de licencias extendidas a toda prisa por la Oficina de Control de Activos Extranjeros a trasnacionales estadunidenses como Chevron y otras compañías de menos tamaño, el envío regular de crudo pesado pasó de un promedio inicial de 300 mil barriles diarios a superar los 743 mil por día a finales de agosto, según la Administración de Información Energética (EIA).
Esta inyección sostenida –crucial para abastecer las plantas refinadoras estadunidenses desarrolladas específicamente para crudos pesados– ha colocado a Venezuela como el segundo proveedor de petróleo para Estados Unidos, detrás de Canadá, y permite sumar alrededor de 86 millones de barriles desembarcados en lo que va del año, calculados a partir de un promedio de 410 mil barriles por día, según un reporte de la EIA.
Tenemos entonces que Estados Unidos habría ingresado hasta ahora al menos 143 millones de barriles de crudo venezolano. Si tomamos como referencia el precio promedio de 65 dólares ofrecido por Delcy Rodríguez en su discurso del sábado 29 de agosto en el cual defendió y justificó el “histórico acuerdo” de la víspera, estamos hablando de unos 9 mil 295 millones de dólares.
## Reformas a la medida
Para hacer posible este flujo de recursos, el gobierno de Rodríguez ha debido reformular la arquitectura legal del esquema energético venezolano. Las modificaciones a la Ley Orgánica de Hidrocarburos –promovidas con inusitada celeridad en la Asamblea Nacional bajo la directriz del nuevo marco binacional– eliminaron las restricciones históricas que otorgaban al Estado, a través de PDVSA, el control mayoritario y la reserva operativa de las empresas mixtas.
La reforma no sólo reduce las alícuotas de regalías y tributos a niveles mínimos para los inversionistas extranjeros, sino que concede a las firmas estadunidenses el libre arbitrio en la comercialización del crudo y el acceso directo a la divisa generada, relegando al país al rol de mero cobrador de renta diferida.
El punto culminante de esta reconversión ocurrió a finales de agosto, cuando funcionarios en Washington confirmaron la firma de un pacto que compromete la entrega y explotación de hasta 65 mil millones de barriles pertenecientes a las reservas probadas venezolanas, certificadas en 303 mil millones de barriles.
Bajo el ropaje de una inversión privada prometida de 100 mil millones de dólares, el acuerdo concede formalmente el control técnico y comercial de más de un quinto de las reservas del país a un puñado de corporaciones estadunidenses.
Esto permite a Trump jactarse y prometer “llenar las reservas estratégicas” de Estados Unidos con petróleo venezolano, como escribió en sus redes este domingo, anunciando además que “el proceso de llenado hasta el tope comenzará muy pronto”.