• Hermosillo, Sonora, México a 2026-07-05  |  Año 29 No. 11    

Biografías Sonorenses


Nota publicada: 2026-07-05

 

Biografías Sonorenses

Bulmaro Pacheco.

De los gobernadores de Sonora del siglo XIX que tienen biografías publicadas destacan: Ignacio Pesqueira García, Carlos R. Ortiz Retes y Ramón Corral Verdugo. Faltan las de los Torres (Luis Emeterio y Lorenzo) y la de Rafael Izábal, entre otros.

En el siglo XX, el exgobernador de Sonora que más biografías escritas tiene es Abelardo L. Rodríguez y es comprensible.

Hasta ahora, la última fue escrita por Ramón Cota Meza este año: “Abelardo L. Rodríguez, las palabras y los hechos”.

Rodríguez fue primero gobernador del Territorio de Baja California entre 1923 y 1930. Sería después secretario de Estado en dos ocasiones, presidente de la República entre 1932 y 1934 y gobernador de Sonora de 1943 a 1947.

Cuando fue creado el Estado de Baja California en 1952, algunos de sus partidarios lo trataron de convencer para que aceptara la candidatura a gobernador del nuevo estado, pero el presidente Adolfo Ruiz Cortines ya tenía candidato: Braulio Maldonado.

Rodríguez, que realizó mucha obra en Sonora con el apoyo del gobierno federal, interrumpió su sexenio en 1947 y se retiró a sus negocios privados en Baja California. Vivió sus últimos años en El Sauzal, municipio de Ensenada, y murió allá en 1967.

La biografía de José María Maytorena escrita por la historiadora Laura Alarcón Menchaca (2008) no tiene desperdicio.

Abarca desde sus inicios en la política con su padre —del mismo nombre—, liberal, eterno aspirante al gobierno de Sonora. Destacó por su acompañamiento al prócer Francisco I. Madero en su campaña para derrotar a Porfirio Díaz. Al triunfo de Madero, Maytorena asumió la gubernatura para el período 1911-1915. Con controversias y turbulencias políticas —por el golpe de Estado de Victoriano Huerta y su enfrentamiento con Carranza— y sus seguidores, así como su alianza con Villa y la ruptura con Calles y Obregón, que provocaron su exilio en los Estados Unidos de 1915 a 1935 y la expropiación de sus bienes. Murió en la Ciudad de México en 1948.

Adolfo de la Huerta, también de Guaymas, hizo carrera política local como diputado por el Puerto y en Sonora auxilió a Venustiano Carranza, jefe del ejército constitucionalista y líder indiscutible de la oposición contra el gobierno usurpador de Victoriano Huerta. Fue gobernador de Sonora entre 1919 y 1923 y combinó el cargo con varias comisiones federales encargadas por el propio Carranza. En esa calidad lo sorprendió el asesinato del Presidente Carranza en 1920, y el Congreso lo nombró Presidente sustituto de mayo a diciembre de 1920.

Fue secretario de Hacienda en el gabinete del Presidente Álvaro Obregón hasta finales de 1923, cuando renunció y se rebeló por no haber sido escogido para sucederlo, provocando una seria rebelión militar que puso en riesgo la viabilidad del proyecto de los sonorenses en el poder. De la Huerta tuvo que exiliarse en Los Ángeles, California, donde sobrevivió dando clases de música y canto. Regresó a México en el gobierno de Lázaro Cárdenas y en varios sexenios ocupó cargos como director de pensiones y coordinador de consulados. Murió en la Ciudad de México en 1955. Hay varios libros sobre Adolfo de la Huerta, entre ellos sus memorias y una biografía bien hecha por Pedro Castro.

Plutarco Elías Calles fue gobernador de Sonora entre 1915 y 1919. Irónicamente, no existe todavía una buena biografía —completa— del personaje más importante de Sonora en la política nacional en la era posrevolucionaria.

La biografía más completa, porque abarca toda su carrera, se encuentra escrita en inglés por Jürgen Buchenau: “Plutarco Elías Calles and the Mexican Revolution” (2023).

Calles fue gobernador, secretario de Estado varias veces, presidente de la República y fundador del PNR. Estuvo exiliado en San Diego, California, de 1936 a 1941. Nació en Guaymas en 1877 y murió en la Ciudad de México en 1945.

Rodolfo Elías Calles y Román Yocupicio tienen sus biografías: “Vida y obra de un sonorense: Rodolfo Elías Calles” de Manuel S. Corbalá (1970), y “La conexión Yocupicio” de Ignacio Almada.

No existen biografías escritas de los exgobernadores Anselmo Macías Valenzuela (1939-1943), Ignacio Soto (1949-1955), Álvaro Obregón Tapia (1955-1961), Luis Encinas Johnson (1961-1967), Faustino Félix Serna (1967-1973) y Rodolfo Félix Valdés (1985-1991).

Sobre Carlos Armando Biébrich se escribieron dos libros: uno del periodista bajacaliforniano Jesús Blancornelas, “Biébrich, crónica de una infamia” (1978), y otro del propio exgobernador —“He vivido con dignidad”— de editorial Porrúa (2014). Biébrich quiso dejar testimonio en sus memorias con relatos sobre su vida política local y nacional, sus razones y sobre los sucesos que acompañaron su caída del poder en 1975. Biébrich nació en 1939 y murió en 2021.

Alejandro Carrillo Marcor dejó testimonio sobre su período de gobierno como gobernador sustituto en un libro de su propia autoría: “Apuntes y testimonios”, impreso en 1989 en los talleres de “El Nacional”. Carrillo nació en Hermosillo (1908) y murió en 1998. La biografía y memorias del exgobernador Eduardo Bours al parecer están en proceso. No se sabe que se estén escribiendo biografías de los exgobernadores Manlio Fabio Beltrones, Guillermo Padrés y Claudia Pavlovich.

Ignacio Lagarda Lagarda, cronista de Hermosillo, lleva ya dos libros sobre los exgobernadores de Sonora: las memorias de Armando López Nogales —“Mis raíces y mis años”—, aparecidas en 2019, y la llamada “biografía libre” de Samuel Ocaña García, que apenas fue impresa y presentada este año.

La obra que relata la vida y la obra del gobernador Ocaña (1931-2024) lo pinta como un personaje político sui géneris.

Junto con Rodolfo Elías Calles, han sido los únicos exgobernadores de Sonora que regresaron —después del retiro político— para ser presidentes municipales de sus respectivos pueblos: Arivechi y Cajeme, aunque el hijo de don Plutarco había nacido en Guaymas en 1900. Murió en Houston en 1964.

Lagarda ha expuesto en la biografía de Ocaña todo un caudal de información derivado de innumerables entrevistas con colaboradores cercanos del exgobernador y fuentes documentales bien sustentadas de sus principales aportaciones a Sonora de 1979 a 1985, que le tocó gobernar el estado.

Las memorias y las biografías de los gobernadores son sumamente útiles para conocer sus verdaderas aportaciones al desarrollo de Sonora más allá de la publicidad y las controversias generadas por los personajes en el ejercicio del poder. Lo bueno o lo malo de los gobernadores se reflejan en sus capacidades para gobernar hacia el interior de la entidad y el talento político para lidiar con el gobierno central, fuente de la mayoría de los recursos de inversión en los estados. En ese terreno, en Sonora hemos tenido de todo y para todos los gustos.

Ignacio Lagarda, con la biografía de Ocaña, ha puesto el dedo en el renglón con elementos para evaluar la labor del hombre político, la del gobernante visionario y la de quien aprovechó la oportunidad que le dio el sistema —bien ganada, por cierto— para servir a sus paisanos y tratar de combatir a fondo los problemas generados por la desigualdad social y la inequidad económica. Enhorabuena, porque obras de esa calidad nos hacen falta en Sonora para tratar de desentrañar las complejidades de la política y su ejercicio en una entidad rica en historia.

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