• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 24 No. 724    

RAMON COTA BORBÓN


Nota publicada: 2006-12-17

La historia no es lineal como muchos quisieran porque depende de la acción humana, más que de cualquier tipo de determinismo económico, cultural o social. Lo sabe cualquier estudiante de historia que ha analizado con cuidado las biografías de aquellos personajes que con sus aportaciones y sus acciones -en lo individual- han contribuido, en mayor o menor medida, a la evolución del mundo; casi todas las naciones tienen algún ejemplo. México, por fortuna, es una nación muy rica en el cúmulo de personajes y sucesos que han construido su historia; a veces por las prisas parecen olvidarse, pero no falta algún tipo de evento que nos lo recuerde en forma recurrente y nos haga valorar las aportaciones de aquellos personajes que han destacado de una u otra manera en los avances de los pueblos.
El tiempo y la realidad nos han enseñado que las historias políticas varían de región a región y de persona a persona y, con independencia del método utilizado para describirlas, al final de cada caso se termina por reconocer que los individuos y las carreras personales son las que definen el avance, los retrocesos, los destellos -o la opacidad-, las chispas y las aportaciones de cada pueblo en particular. Muchas regiones y localidades no se explicarían sin la influencia y las decisiones de los personajes destacados que les dieron proyección en todos los terrenos; el arte, la cultura, la música, los inventos, la política, etc., son ejemplos palpables de las iniciativas.
En cuestión de políticos, aquí se debe analizar cada caso, virtudes y defectos, porque todos los políticos -aunque se parezcan- son distintos, han tenido su época y sus propias circunstancias:¿Qué hubiera sido de Obregón y Calles sin la revolución?; ¿qué hubiera sido de la Revolución sin Obregón y Calles?
A algunos se les juzga con severidad por no conocerlos a fondo; a otros los somete la superficialidad del juicio o el interés de sus adversarios, tratando de influir con ingredientes y versiones interesadas el juicio de la historia, algo como lo que Bulnes en relación a algunos personajes y sucesos de México llamara en su momento “las grandes mentiras de nuestra historia”.
Ramón Cota Borbón es un personaje que, a pesar del tiempo transcurrido de su actuación, es recordado, frecuentado, consultado y reconocido por quienes lo vieron actuar, lo conocieron de cerca o, en su caso, los representó en alguna posición política o les gestionó algún tipo de bien o servicio en alguna región de Sonora. Hizo política cuando más difícil era hacerlo. El sistema era más cerrado, no había escuelas, muy pocas comunicaciones, todo faltaba y todo empezaba. Era el México de inicios de los cuarenta del siglo veinte.
Hijo de Wenceslao Cota Torres y Esperanza Borbón Rábago, nació el 1 de diciembre de 1927 en Cajeme. A raíz de la muerte de Álvaro Obregón (17 de julio de 1928), la cabecera municipal tomó su apellido para convertirse en Ciudad Obregón, mediante decreto del congreso emitido once días después.
Eran los tiempos en que para los jóvenes existían sólo los estudios de primaria y algunos conocimientos dispersos de contabilidad. Ramón Cota no fue la excepción, a eso se aplicó. Tiempos en que en Sonora no había Universidad, no había tecnológicos y para estudiar alguna carrera profesional había que trasladarse a Guadalajara o a la Ciudad de México; recordemos que la comunicación completa por tren a ésta, apenas se estableció en 1926, cuando se concluyeron los trabajos en la región llamada “Plan de barrancas” entre Nayarit y Jalisco.
Cota observó de cerca y muy joven las actividades de su padre, las tensiones y las luchas agrarias de la época, que concluyeron con el reparto del Yaqui, el Mayo y Guaymas, realizado por el presidente Cárdenas. Primero fue la CTM la organización de campesinos, después la CNC creada por Cárdenas (1938); a esta última Cota se afilió y desde entonces ya nunca dejó lo que fue su principal trinchera, tanto en su comité nacional como en la liga de comunidades agrarias y sindicatos campesinos de la entidad.
Pasados los años, el presidente Adolfo Ruiz Cortines buscó recompensar a los revolucionarios mediante cargos de elección popular a sus familiares.  Villa, Madero, Carranza, Obregón y Calles entre otros, fueron elegidos. Fue así como llegó a gobernador de Sonora Álvaro Obregón Tapia en el sexenio de 1955 a 1961 y fue así también que Rodolfo Elías Calles, que había sido ya gobernador de Sonora (1931-1934) y Secretario de Comunicaciones (1934-1935) no pudo negarse al ofrecimiento de Ruiz Cortines y aceptó ser alcalde de Cajeme para el trienio 1952-1955: “para los enemigos que tiene uno, un bat, aunque sea de trapo”, reviraba a los que lo cuestionaban.
Ignacio Soto gobernaba Sonora. Cajeme y Empalme eran entonces los municipios más conflictivos e inestables de la entidad, casi ninguno de sus alcaldes terminaba un período completo. Una candidatura del peso de Rodolfo Elías Calles llevaba también el mensaje de tratar de estabilizar el municipio e impulsar la solución a los graves rezagos municipales con un presupuesto de 1.6 millones de pesos. Como el movimiento campesino en Sonora tuvo de origen en la CTM, su impulsora original, la CNC, tardó en consolidarse en medio de tensiones y conflictos que dificultaban las candidaturas para sus militantes. Don Rodolfo (atendiendo el gran valor que le otorgaba a la lealtad por el antecedente de su padre Plutarco) fue pidiendo a la organización campesina ternas de cuatro, cinco o más miembros, hasta que apareciera el nombre de Ramón Cota, que a los 25 años de edad se integró al cabildo de Cajeme como cuarto regidor, junto con Faustino Félix Serna, Saturnino Saldívar y Julio Schwarsbeck que ocupaban los tres primeros lugares.
Cota venía de trabajar como almacenista en las obras de construcción de la presa del Oviáchic (1947-1952) aplicando sus conocimientos de contabilidad, libraba importantes batallas en la incipiente CNC, y era miembro de la colonia agrícola Francisco Villa en la comunidad de Agua Blanca ubicada en el municipio de Etchojoa.
En 1958 recibe de Martín Galindo la dirigencia estatal de la CNC. Ese mismo año es postulado candidato a diputado local. A finales de 1960, la sucesión en Sonora la disputaron Ricardo Topete, Fausto Acosta Romo y Luis Encinas Johnson. Eran los tiempos en que la CNC nacional y local la jugaron con la candidatura de  Acosta Romo.
Cota desmitifica y aclara: ese fue un berrinche de Ernesto P. Uruchurtu, entonces poderoso funcionario federal, ante López Mateos por el cambio de señales para que el rector de la UNISON, Luis Encinas, fuera finalmente el candidato del PRI para el sexenio 1961-1967, a pesar de que Acosta ya había sido postulado por la CNC y la CNOP. Como otros dirigentes, Cota Borbón pagó caro el cambio de línea política. Lo marginaron, lo atacaron, lo excluyeron, lo quisieron sacar de cuanto cargo tenía. Con insistencia trataron de congelarlo políticamente. Tiempos eran en que los delegados de la CNC eran del calibre de Caritino Maldonado y Leopoldo Sánchez Célis, ambos gobernarían después Guerrero y Sinaloa.
Ante el cambio de la CNC, que fue conflictivo porque Encinas quería nombrar como dirigente a Guillermo Cajigas, su jefe de la policía judicial, a Cota le ofrecieron una agencia fiscal como compensación: la rechazó y se dedicó a las 35 hectáreas que tiempo atrás había adquirido y desmontado cercanas a la presa de Hermosillo. Ahí trabaja criando ganado y produciendo leche en un establo para la distribuidora de leche de Don Santos Gutiérrez, hasta que la suerte le cambia radicalmente con sus contactos nacionales.
Con la llegada del profesor tlaxcalteca, Francisco Hernández y Hernández al Banco Ejidal, ex dirigente nacional de la CNC es designado por éste como agente del Banco Ejidal en Vícam y, posteriormente, en Cananea entre 1964 y 1970. Encinas no dejó de presionar para que lo removieran. En Cananea le encargan la recepción al candidato a la presidencia de la República, Luis Echeverría. Era 1969, Faustino Félix Serna era el gobernador, y veía bien a su ex compañero de cabildo en Cajeme. Lo protegió, lo promovió y lo impulsó de nuevo -y por segunda ocasión- al liderazgo de la CNC para relevar a Francisco Arispuro Calderón, regresando Cota a la Cámara de Diputados para la legislatura de 1973 a 1976.
En 1974, ya en el régimen de Biébrich, le entrega el liderazgo de la liga a Héctor Leyva Castro y de nuevo se dedica a la legislatura y a desempeñar encargos de carácter nacional en la CNC. A invitación del Secretario de Agricultura del gobierno de José López Portillo, Francisco Merino Rábago, se hace cargo del distrito de desarrollo rural en Tomatlán, Jalisco, donde pasa de finales de los setenta hasta avanzados los ochenta. La suerte le vuelve a cambiar y en el gobierno de Rodolfo Félix Valdés vuelve al congreso local representando a Ures, en la legislatura de 1985 a 1988.
El gobierno estatal y su partido lo comisionan a resolver  divisiones entre grupos en comunidades rurales y a revisar el funcionamiento de ejidos y colonias agrícolas de su creación en regiones claves de la entidad para efecto de los programas agrarios en boga. Con el tiempo se había convertido también en factor de unidad en la CNC estatal y en un referente moral y político ante la crisis de representación que se generó posteriormente en esa central y que tanto influyó en su debilitamiento político.
Ramón Cota Borbón ha vivido a plenitud el trabajo, la política, la familia, el negocio familiar, la amistad, y el trabajo de su organización.
En los últimos años ha vivido en la medianía de la pensión con el apoyo de sus hijos. Revisar su vida y sus aportaciones representa la oportunidad de recrear un referente de moralidad pública y privada apegado siempre a los valores sonorenses más apreciados. Ha sido congruente con sus ideas, honesto y de convicciones arraigadas. Experto en adversidades y en triunfos, en el tiempo de su actuación política dio lo mejor de sí para la organización campesina y para el paso de muchos asalariados o peones, al esquema de propietarios en las comunidades rurales que impulsó. Por eso es bien visto, donde se presenta, lo respetan y lo valoran. A la entrada de sus 80 años confiesa tener nuevas energías que a su juicio se alimentan de su tranquilidad de conciencia. Una tranquilidad que sólo pueden presumir quienes obran con rectitud y firmeza. Lo más difícil, ¿o lo más escaso?, que cualquiera en cualquier actividad puede presumir para no enfermarse de ambición, angustias, odio, codicia y frustraciones acerca  de lo que pudo ser y no fue, y en cambio, rescatar la solidaridad y las convicciones. A Ramón Cota Borbón como hombre de acción y de resultados… no le falta razón…conciencia tranquila es salud…salud!



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