• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 20 No. 690    

¿Fingimos demencia para quedar bien…?

Azalea Lizárraga / azaleal@prodigy.net.mx




Nota publicada: 2017-09-07


Ni la construcción del muro ha causado tanta polémica y enojo entre las comunidades no solo de México y allende la frontera con el país vecino, sino a nivel mundial, como el anuncio que este pasado 5 de septiembre hiciera el presidente Donald Trump sobre la clausura definitiva del programa DACA (por sus siglas en inglés: Deferred Action for Childhood Arrivals) y su petición al Congreso de los Estados Unidos de que buscara una solución legislativa a la problemática inherente.

Debemos recordar que el DACA es una política migratoria establecida por la administración de Barack Obama en el 2012 y en la cual los inmigrantes ilegales menores de edad, los famosos “Dreamers” o “Soñadores”, podían acogerse a un periodo de gracia que evitaría su deportación y les permitiría trabajar “legalmente” en los Estados Unidos. Para junio del 2017, cuando el programa dejó de recibir solicitudes, había poco más de 800,000 jóvenes inscritos en el mismo.

Dicho programa, a decir de los defensores de las políticas migratorias en el vecino país del norte, no solo otorgó un respiro y cierta seguridad a los que se acogieron a él, sino que hay quienes aseguran que redujo el número de inmigrantes en condiciones de pobreza al permitirles trabajar en mejores condiciones laborales, y la gran mayoría pudo alcanzar un nivel educativo de mayor nivel. Hay indicios de que, con ello, la economía estadounidense se benefició ampliamente.

Sin embargo, la administración de Trump, de quien ya sabemos sufre diarrea verbal, los “dreamers” son una amenaza latente para la economía del país, sin que pueda fundamentarlo con cifras y datos contundentes hasta ahora; pudiera ser que su temor radica en que pudieran ir desplazando a los “verdaderos dueños” de su país, los güeritos pues.

Y con este nuevo desplante presidencia de prepotencia amenazadora contra los que nos son del color de su piel y no nacieron en su país, ha logrado que muchos gobernantes salgan a expresar su desacuerdo; que muchas organizaciones defensoras de derechos humanos se manifiestan en abierta lucha contra sus declaraciones; que empresarios de peso e influencia ciudadana, como son algunas cadenas televisivas y periódicos estadounidenses, estén cubriendo ampliamente e informando oportuna y puntualmente a la comunidad mundial todas las acciones de oposición emprendidas en ese país que, curiosamente, debe gran parte de su grandeza a los inmigrantes. 

Hay que reconocer que los “dreamers” llegaron tan pequeños a los Estados Unidos que la gran mayoría se siente estadounidense, pocos hablan ya fluidamente el idioma de sus progenitores; no extrañe entonces que rehúsen salir del territorio que consideran su país y en el que han luchado para realizar el “sueño americano” que sus padres sufrieron para hacer realidad.  De hecho, la gran mayoría ya han formado su propia familia y tienen vínculos tan fuertes con sus comunidades que es prácticamente un acto de violencia deportarlos a un país que ni conocen ni sienten ya suyo.

Debemos reconocer que la migración se da, principalmente, entre la población que generalmente sufre de pobreza y marginación en nuestro país; gente que no encuentra el cómo llevar bienestar y seguridad social a los suyos; que no puede proveer lo básico para el sustento familiar, mucho menos aspirar a que sus hijos estudien y sean mejores; aunque en los últimos años se ha intensificado entre jóvenes profesionistas que no encuentran oportunidades de empleos dignos y bien remunerados.

De hacerse realidad el deseo de Trump, ¿estaremos preparados como país a recibir a los indocumentados? Asunto preocupante para todos.

Porque si atendemos las declaraciones de Enrique Peña Nieto, que como todos sabemos ya va de salida y, por tanto, sus declaraciones tienden a ser más mediáticas que fundamentadas en los hechos, México está preparado para recibir a los “dreamers” y ofrecerles educación y empleo para un feliz retorno a su país. ¡Por favor! Tan solo escucharle me causó un vuelco en el estómago, más lo que se acumule.

No me juzgue usted mal, no es falta de sensibilidad al gran problema de los “dreamers” y sus familias, pero regresar a este país al que yo amo tanto, pero que ellos no sienten suyo, generará una severa problemática social, ni qué decir de la crisis económica y existencial, cuyas dimensiones no alcanzo a dimensionar.

Si son estudiantes, habrán de venir a enfrentarse a un sistema educativo que nada tiene que ver con el que hasta ahora han experimentado.  Dicen los funcionarios que hay cupo para todos y que están preparados para recibirlos; ya veremos cuán cierto o alejado de la realidad son tales aseveraciones.  Poco puedo decir de los niveles básico a medio superior, pero por supuestísimo que algo puede vislumbrar respecto a la problemática que se avecina en lo que respecta a la educación superior.

Con instituciones educativas –y me refiero a institutos y universidades públicas, claro está-, que limitan el acceso estudiantil porque los presupuestos estatales y federales no son suficientes para seguir creciendo en la matrícula, ofrecer una oferta educativa pertinente y de calidad, o expander sus ámbitos de influencia geográfica, no veo cómo poder atender lo que pudiera avecinarse.

¿Trabajo para todos? Pregunto: ¿por qué si de veras existe la oportunidad, no la han puesto a disposición de los miles de jóvenes que acuden a las bolsas de trabajo y ferias del empleo, desesperados ante la falta de oportunidades, ya no digo para mejorar su estatus de vida, sino simple y sencillamente para tener una forma de atender sus necesidades básicas con un empleo formal y seguro?

¿Por qué las facilidades para los que vienen –y ni siquiera querían hacerlo- y no para los que ya están aquí? Pero lo más importante, ¿podrán adaptarse a vivir en este país que hace algunos ayeres expulsó a sus padres? Preguntas al aire…

azaleal@prodigy.net.mx

@Lourdesazalea



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