• Hermosillo, Sonora, México a 2026-01-09  |  Año 29 No. 11    

Adolescencia y vacío existencial: una etapa normal con riesgos reales


Nota publicada: 2026-01-09

¿Recuerdas cómo te sentías durante tu adolescencia? Si fuiste de los que vivió una crisis existencial, no eres el único; la inmensa mayoría de los jóvenes atraviesan un periodo de cambio y búsqueda de identidad personal que puede provocar sentimientos de estar perdidos en el mundo.
El escritor Francesc Miralles es ahora conocido por hablar de propósito y vivir una vida con sentido, pero él mismo admite que pasó por una etapa de vacío existencial durante su adolescencia que fue “brutal” y le hizo cuestionarse a sí mismo. “Aparecía en descampados en medio de la basura a las seis de la mañana”, le confiesa a Carlos Roca en su podcast, Roca Project.
“Es normal ser joven y tener una crisis existencial porque hay un gran trauma en la adolescencia: dejas de ser un niño, donde el mundo es un lugar protegido, los padres son infalibles; y te vas hacia un mundo de adultos con el que tú no estás de acuerdo ni con los valores que hay, ni con la violencia… Estás ahí, en tierra de nadie”, explica el escritor. “Lo normal es sentirte vacío y sentir que no encajas”.
Es importante que padres y educadores apoyen a los jóvenes en este momento tan complicado y crucial para su desarrollo. Expertos en teoría de lo psicosocial y formación de identidad, indican que durante esta etapa el individuo experimenta una profunda reorganización de su sentido de sí mismo y de sus roles sociales. Cualquier disfunción en este periodo puede dar lugar a problemas en su bienestar y salud mental (Journal of Youth and Adolescence, Potterton et al., 2022), como pueden ser depresión, ansiedad o trastornos en la conducta alimentaria.
Este proceso puede estar acompañado de mayor estrés y menor autoestima cuando los adolescentes no cuentan con apoyo 

Un factor a tener en cuenta en este tipo de crisis existenciales es la incertidumbre sobre el futuro, incluyendo la inestabilidad laboral, el acceso a la vivienda o las oportunidades educativas, pues ha sido identificado como detonante de problemáticas como la incertidumbre e inseguridad entre los jóvenes. 
También la presión social —la influencia de amigos, pares, expectativas culturales o ideales difundidos por plataformas sociales—, pues juegan un papel crucial en este proceso. Existen multitud de estudios sobre comportamiento social que indican que los adolescentes son particularmente susceptibles a conformarse con normas del grupo y ajustarse a expectativas externas, lo que puede llevar a comportamientos y decisiones que no reflejan sus valores internos originales.

Las expectativas sociales sobre lo que los jóvenes “deberían” lograr —como metas académicas elevadas, éxito profesional temprano o comportamientos normativos— también influyen en cómo estos desarrollan su propósito vital. Estas expectativas pueden intensificar la presión y generar conflictos internos cuando los adolescentes sienten que sus aspiraciones no se alinean con las expectativas externas.
Para Miralles, es importante que los jóvenes sepan que su propósito de vida “no les vendrá a buscar al sofá” ni “al teléfono móvil”, sino que tendrán que salir. “Vas a tener que arriesgarte, conocer a gente”, insiste. Para ellos, el autor de El método Ikigai tiene un consejo. “Empieza a aumentar el rango de experiencias y, en algún momento, sonará la campana. Tienes que estar dispuesto a perderlo todo para conseguir algo muy grande”.

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