• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 20 No. 690    

¿Y si no les hacemos el paro?

Azalea Lizárraga / azaleal@prodigy.net.mx




Nota publicada: 2017-04-05




Cómo sucede cada año en los días previos a los días de asueto que nuestra religiosidad mexicana nos brinda -la Semana Santa y, si se es morrit@, la Semana Diabla-, los responsables de la seguridad y “las buenas costumbres” en el estado y el municipio correspondiente en el que nos toque vivir, salen a informar a la ciudadanía sobre los procedimientos que estarán implementando para garantizar un periodo de saldo “blanco” en cuanto a accidentes y hechos similares se refiere.

Central a toda estrategia lo es sin duda, el control en la venta de bebidas embriagantes, tema difícil de abordar tanto por autoridades como la ciudadanía en lo general porque somos un estado semi-desértico en el que la ingesta de bebidas ambarinas se percibe como muy natural y, de hecho, se concibe hasta como un “mal necesario”. Valdría la pena preguntar a cuánto ascienden los ingresos a las arcas municipales y estatales por ventas y permisos en estos rubros. Creo realmente que nos llevaríamos una sorpresa.

Es indiscutible que si la ingesta de cerveza acompaña a una sabrosa carne asada con la familia y amigos en el patio o una palapa en el campo; o de ricos mariscos a la orilla del mar, el hecho se convierte en una evocación atractiva y hasta deseable.

Hasta aquí todo bien, los problemas se presentan cuando se bebe sin medida ni control y, ya encarrerados en el jolgorio, suben de tono las diferencias de opinión, se alebrestan las pasiones, y surgen los inevitables pleitos que dejará a uno que otro malherido, si bien les va. Lo peor es cuando tomamos el volante para trasladarnos a “seguirla en otra parte” o para irnos a calmar la muina, y nadie osa quitarnos las llaves que pudieran conducir al infierno.

Con algo de esto en mente, la Dirección General de Bebidas Alcohólicas, ha solicitado a los permisionarios autorizados para la venta de alcohol en las playas de nuestro estado, que restrinjan la venta de sus productos en envases de cristal, para evitar lesiones o accidentes que pueden ser de fatales consecuencias.

No cuestionamos lo adecuado de la medida tomada, sobre todo cuando caminamos descalzos por las playas; aunque debemos admitir que nos preocupa más la gran cantidad de permisos adicionales que se expiden para la venta de alcohol, especialmente de las isletas para la venta de cerveza. en la periferia de las cuales se montan espectáculos artísticos y shows que paulatinamente van subiendo de tono, a la par que promueven el consumo de alcohol a su máxima expresión.

No es mojigatería, es alusión a una realidad que tiene, por lo general, un público cautivo que no rebasa la mayoría de edad. Prudencia, amplitud de miras y autocontrol no son conceptos que manejen en toda la acepción de la palabra. No extrañen pues los resultados.    

Por lo pronto, la titular de alcoholes, Zayra Fernández, reconoce que los permisos otorgados -o su prohibición- para la instalación de lo que se conoce como “islas” en las playas, depende de las autoridades municipales, así como la regulación de los horarios de venta -a la fecha se contemplan cierres hasta las 11 de la noche-. Confiamos pues en que éstas se pongan las pilas y promuevan realmente una semana mayor o de pascua con saldo blanco.

Ojalá que a nuestras autoridades no les gane la euforia por la recaudación de impuestos, permisos especiales o, ¿por qué no decirlo?, las “sobaditas de mano” para saltarse trámites molestos, engorrosos, o hasta vergonzosos; hacer como que les habla la virgencita de Guadalupe y voltear la mirada a otro lado. Y no hay que cerrar los ojos o echarle toda la culpa a las autoridades, aceptemos que la corrupción es siempre un camino de dos vías en las que, mínimamente, dos personas aceptan su existencia. Por necesidad, comodidad o avaricia, da lo mismo.

Lo más importante será establecer medidas rigurosas que garanticen el bienestar de los vacacionistas; que los menores de edad no puedan adquirir bebidas alcohólicas con la ayuda de personas mayores que, irresponsablemente, no miden las consecuencias de tales acciones, por lo que se deberían establecer sanciones severas para desmotivar tales situaciones.

Esperemos entonces que programas como “No les hagas el paro”, “Frénate” y similares que afortunadamente impulsan organizaciones  juveniles, en conjunto con la sociedad civil, hagan sentir su presencia e influencia con las autoridades municipales responsables de estos menesteres.

Claro está que no debemos dejar de lado o minimizar la responsabilidad que como padres de familia tenemos para con la seguridad y el bienestar de nuestros hijos e hijas. Asumamos las consecuencias de no tomar medidas al respecto; después no se vale llorar.

 azaleal@prodigy.net.mx

@Lourdesazalea

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