• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 20 No. 690    

Las auditorías también fortalecen…

Azalea Lizárraga / azaleal@prodigy.net.mx




Nota publicada: 2017-02-23




 La sola palabra “auditoría” produce en la mayoría de los simples mortales una sensación poco agradable.  Poco importa si no se tiene nada que ocultar, que las cosas se hayan planeado, ejecutado y registrado con pulcritud.

Siempre existe cierto grado de incertidumbre y, por qué no decirlo, hasta cierto temor por las responsabilidades que nos pudieran fincar, lo que en la mayoría de las empresas se traduce en onerosas penalizaciones económicas que, como la mayoría de las ocasiones incluyen gastos moratorios, para qué les digo; que Dios nos ampare.

 Curiosamente, no sucede así cuando se trata de instituciones u organizaciones que manejan recursos públicos, donde las auditorías solo generan una serie de “observaciones” que habrán que ser solventadas, muchas de las cuales solo se irán sumando a las auditorías de años venideros, con la confianza de que se puede patear el bote al siguiente funcionario público o administración que los reemplace. 

 ¿Sanciones? Por favor, si lo más desastroso que escuchamos es que se le haya dictado a tal o cual funcionario alguna inhabilitación para ejercer la función pública.  Para morirse de risa en el caso de algunos “infractores” que ya no tendrán que trabajar de por vida y que hasta resolvieron el porvenir económico de generaciones por venir.

 ¿El malestar ciudadano? a nadie parece importarle.

 Pero cuando se trata de instituciones educativas de carácter público, es de suma importancia entender que los resultados de una auditoría no solo deben significar  mandar un mensaje de confianza hacia la ciudadanía respecto del manejo pulcro y transparente de los recursos públicos, sino que el uso de los mismos se haya realizado con la eficacia y eficiencia que los objetivos educativos traen consigo. Que haya impacto en positivo, pues.

 El que nada debe nada teme, dice el adagio popular, pero a veces los errores u omisiones de los seres humanos –intencionados o no, es otra historia- nos generan cierta problemática que puede interpretarse erróneamente y ocasionar el descrédito de los gobiernos, organizaciones o instituciones involucradas

 Las auditorías a la cuenta pública son una realidad que antes solo eran trámites engorrosos que nadie entendía, pero que ahora, difícilmente los resultados de las mismas quedan en lo oscurito. Están disponibles para el escrutinio público. Las redes sociales, haciendo suyo el clamor de la transparencia obligatoria, los espulga, los interpreta a como Dios les da a entender –o como les dictan que así sea- y genera opiniones encontradas entre los diversos públicos.

 En estos casos, las auditorías deberíamos verlas como áreas de oportunidad para ver en qué se está fallando y mejorar procesos.

 En el caso de los resultados de la cuenta pública 2015 practicada por la Auditoría Federal de la Federación a 20 institutos, centros educativos y universidades públicas estatales -la Universidad de Sonora entre ellas-, reveló aspectos no solo sobre el uso adecuado del subsidio ordinario que recibe la máxima casa de estudios del estado, tanto federal como estatal, sino también de los recursos extraordinarios que gestiona y le otorgan para el cumplimiento de los objetivos educativos planteados.

 Programas como el del Fortalecimiento de la Calidad en Instituciones Educativas, el Fondo para Elevar la Calidad de la Educación Superior y el de Expansión de la Oferta Educativa fueros escrupulosamente espulgados en cuanto a la captación, ejercicio y aplicación de los mismos. Fondos extraordinarios que permiten fortalecer y elevar la calidad educativa, con acciones que permiten la modernización en infraestructura, la movilidad estudiantil y, prioritariamente, el mejoramiento de sus programas académicos

 Los logros académicos y la calidad educativa de mi Alma Mater, son prueba fehaciente de que fueron bien aplicados y aprovechados por los miles de sonorenses -de nacencia o amor al terruño, es lo mismo- que aspiran a mejores niveles de bienestar social a través del trabajo fecundo y la superación personal y profesional.

 Pero con las auditorías se demuestra algo más que la suma y resta de números. Se da fe de la honestidad, compromiso y amor a la camiseta que tienen los que trabajan y estudian en esta noble institución.  Que hay garbanzos de a libra y prietitos en el arroz es entendible e inevitable.  Pero a la mayoría de los universitarios nos define una profunda satisfacción por ser búhos, un sentimiento que trasciende diferencias ideológicas y beneficios personales.

 Y ante el menor barrunto de tormenta, sacamos la casta, el coraje y presumimos de ser la mejor universidad del noroeste y de las mejores del país. Hoy más que nunca: somos orgullo de los sonorenses.

 azaleal@prodigy.net.mx

@Lourdesazalea

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